Tacho Orero
Cuentos / Niños / Aventuras / Faro / Mar
El coche salió de la autovía para tomar la carretera comarcal que los llevaría al pueblo donde habían quedado con el Tío Miguel y su familia.
Luna volvía a preguntar: “¿cuánto falta?”, con el mismo tono con el que lo había hecho las últimas tres veces…. Elena, su madre respondió con el mismo tono mecánico: “poco, ya falta poco…”, solo que en esta ocasión parecía ser verdad. Manuel conducía el coche y parecía distraído con la música que iba escuchando.
Erik se despertó en cuanto comenzó a notar las curvas cerradas y los baches de la carretera comarcal que no parecía estar en buen estado.

En Galicia había muchas carreteras de ese tipo y no todas tenían un mantenimiento frecuente, pero era el único camino para llegar al pequeño pueblo pesquero donde se encontrarían con la otra familia.
Pronto alcanzaron las primeras casas del pueblo, y entre calles estrechas se dirigieron al centro, a la plaza Mayor donde habían quedado. Apenas habían aparcado, Luna y Erik, salieron disparados fuera del coche pues habían visto a su pequeña Prima Sara a la que querían como si fuera su hermana pequeña.
Sara, que también adoraba a sus primos mayores, se soltó de la mano de su madre Belén y también salió corriendo en dirección a sus primos, que corrían hacia ella, y en cuanto se hubieron alcanzado, se fundieron en un cariñoso abrazo, en el que Sara quedó en medio de Luna y Erik, tan fuerte que a Sara se le torcieron las gafas en la cara hasta el punto de que casi se le cayeron al suelo.

Sara era la hija de Miguel y Belén, los tíos de Erik y Luna. Tenía 6 años, con el pelo castaño y largo y unos preciosos ojos de color marrón claro. También tenía unas gafas de color granate, ¡su favorito!
Sara era una niña muy simpática, siempre con una sonrisa en su cara, y el “ojito derecho” de su prima Luna.
Tras saludarse las dos familias, Miguel los llevó a dar un pequeño paseo por el pueblo antes de comer. Lo conocía bien porque habían pasado los últimos veranos con su familia allí durante las vacaciones.
“Sara tenía unas gafas de color granate, ¡su favorito!
El pueblo estaba formado por casas de piedra y madera, de dos plantas como mucho, y que debían de datar de principios del siglo XX, cuando la región tomó más importancia gracias a un pequeño pero lucrativo puerto pesquero donde se podía disfrutar del pescado fresco muy reconocido por su calidad, que los lugareños traían a diario.
Fueron pasando entre calles estrechas hasta finalmente llegar a otra más ancha que parecía ser la avenida principal del pueblo y que desembocaba en una gran explanada donde se podían algunos pequeños barcos de recreo atracados. Más al fondo se elevaba un imponente faro de color blanco, con la cúpula de un color Rojo brillante. Sin duda, ¡habían llegado al puerto!

Luna que llevaba a Sara de su mano, pudo sentir la brisa fresca del mar en su cara. Era una sensación agradable a la que se unía el incesante graznido de las gaviotas. Incluso, si se concentraba, podía escuchar el rugir de las olas de mar rompiendo contra las rocas del acantilado, uno de los mayores atractivos del pueblo, por su belleza.
Pasaron delante de una estatua que enseguida llamó la atención de Luna. Estaba hecha de mármol negro, con la forma de un timón de Barco antiguo. En una placa se podía leer una frase: “en recuerdo de los valientes marineros del pesquero -La Esperanza-que desaparecieron en un trágico accidente, cerca de la costa”.
“Si se concentraba, Luna podía escuchar el rugir de las olas del mar rompiendo contra las rocas del acantilado”
Llevada por la curiosidad, Luna preguntó a Miguel: “tío, que es esto”. Miguel enseguida respondió en un tono serio y algo apesadumbrado: “es una estatua en recuerdo de una desgracia que tuvo lugar hace muchos años. Al parecer hubo un naufragio justo en el acantilado cercano al puerto y en el que muchos marineros que vivían en este pueblo perecieron”.
Luna no hizo más preguntas, asintió levemente con la cabeza y siguió al resto del grupo camino al restaurante, no sin antes fijarse en la fecha que figuraba en la placa, al pie de la estatua: 17 de julio de 1925 en la que estaba fechado el naufragio. Hoy justo se cumplían cien años del desastre….
Llegaron al restaurante que se llamaba -El Faro- y que recibía su nombre porque se encontraba muy cerca del Faro que había en el puerto.
Debía de ser un buen restaurante porque había mucha gente esperando para poder entrar. Por suerte, ellos tenían una reserva que había hecho Belén, la tía de Erik y Luna, la madre de Sara, la semana anterior. Se sentaron en la terraza, el día estaba nublado pero la temperatura era agradable pues estaban a mitad de Julio.
Mientras esperaban, Miguel le dijo a Luna: “Dicen que el naufragio sucedió porque el faro se apagó de repente una noche”.

Luna, que los misterios eran su fuerte, respondió: “¿qué es lo que pasó?, ¿Por qué se apagó el Faro?”. Miguel respondió; “nadie lo supo con exactitud. Parece que ocurrió de repente, en medio de la noche y para cuando los del pueblo se dieron cuenta ya era tarde y el barco pesquero que llegaba tarde de faenar, se había estrellado contra las rocas del acantilado, pues no pudieron ver lo cerca que se encontraban de la costa “.
Erik, Luna y Sara escuchaban, boquiabiertos y sin decir una palabra, la historia de Miguel.
“Fue una terrible desgracia para el pueblo de la que nunca se llegaron a recuperar pues muchos padres e hijos perecieron ese día…”, comentaba su tío Miguel.

Una vez hubo terminado el relato y para romper el ambiente dramático que había producido con su historia, comentó en un tono jovial y animado: “! bueno!, ¿qué os apetece?, ¡aquí hacen un arroz con bogavante para chuparse los dedos!”, y la conversación siguió sobre un tema completamente diferente.
Apenas hubieron terminado de comer, Luna le dijo a Sara y Erik, “¿Qué os parece si vamos a ver el faro?”.
Ambos asintieron ilusionados y Luna preguntó a su tía Belén, “¿podemos irnos a dar una vuelta con Sara?”.
La tía Belén que estaba en medio de una conversación animada, dijo “claro, iros, pero ¡cuidad de ella por favor!
Luna y Erik asintieron, cogieron a su prima de la mano y se fueron en dirección al puerto donde se encontraba el viejo Faro.
¡CONTINÚA LA SEMANA QUE VIENE!
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Last modified: abril 27, 2026






