Empecemos con algo previo a nuestra decisión de bailar.
Mirad:
‘Bailar puede revelar todo el misterio que la música concede’
Paul Valéry
Y otra.
‘Los bailarines son los atletas de Dios’
Albert einstein
Si lo decían ellos…
Como os decía, no tenía claro sobre qué hablar…
En este caso lo haré sobre algo que comparto en pareja, que nos agrada y nos divierte. ¿Cómo empecé? ¿Cómo hice que mi pareja comenzara a mostrar interés para compartir conmigo algo que jamás se le hubiera pasado por la cabeza?
Pues bien. Hace como 30 años, yo iba a un centro cultural para recibir clases de baile español, sevillanas, castañuelas…

En el mismo centro decidieron sacar un intensivo de bailes de salón. A mi marido le convencí con un trato: si él se apuntaba al intensivo, yo me apuntaría a aerobic. A él le encanta el ejercicio… Cumplimos con el pacto acordado.
Se formó un grupo muy variopinto y de diferentes edades. La profesora tenía mucha marcha y cada vez nos motivaba más. Pasábamos unas tardes inolvidables, reíamos, bromeábamos e incluso discutíamos con la pareja, culpabilizándonos sobre los fallos cometidos al bailar.
Los pasos nos parecían dificilísimos e inalcanzables. Poco a poco fuimos cogiendo soltura e incluso reconociendo la música que correspondía a cada baile. A una salsa, merengue, cha-cha-cha, vals, paso doble, rock and roll, etc.
Bueno, esos 15 días que duraron el intensivo nos sirvieron para engancharnos. Nos atrevíamos a salir a bailar a salas de fiesta, muy tímidamente, ya que lo que veíamos a nuestro alrededor eran maestros del baile, muy lejos de lo que nosotros habíamos aprendido.


El comienzo
Con el grupo que formábamos hacíamos excursiones al campo, con nuestra tortilla de patata y la radio a pilas, para poder bailar, eso que no faltara, y siempre con muchas ganas de disfrutar. Organizábamos cenas en las casas, siempre motivados para al final acabar bailando.
Conocíamos una sala de fiestas, por aquel entonces, un lugar de citas, que acabamos revolucionando. Creo que alguna pareja nos maldijo por acabar con su paz, pero caray, qué bien lo pasábamos. Por aquel entonces se empezaba a promocionar los bailes de salón, aprovechando el entusiasmo que empezaba a haber.
Las academias organizaban cenas multitudinarias con baile.
Hoy, después de 30 años, seguimos bailando y disfrutando de esta actividad, en la que se fomenta la amistad, te invita a hacer ejercicio sin esfuerzo y se puede compartir con la pareja. A veces se complementa con otras actividades, como viajes, comidas, cenas, excursiones culturales, acabando la noche en fiesta y baile.
¿Y yo qué he conseguido?
Muchas cosas. Me divierto, hago ejercicio, consigo que se fomente la amistad, salgo de casa…
¿Qué me hace sentir?
Pues depende de qué baile… El bolero es muy romántico… Con los ‘meneítos’ se ejercita la psicomotricidad… El rock ‘n’ roll te regala mucha marcha… El swing, elegancia compostura. Vaya, que cada uno tiene su “aquel “.
Pero, 30 años después, después de hacer aquel trato, él ha seguido haciendo deporte y yo he conseguido que bailemos. Y a los dos nos encanta.

Las fotos son de: preillumination-seth-lcZ3R1uR52Q-unsplash, preillumination-seth-0i8jDzBqvTc-unsplash, tim-gouw-wU5JYPb663Y-unsplash, preillumination-seth-cNlQpTstCK8-unsplash, florian-cordier-3SIsztMnN9g-unsplash. Mil gracias!
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Last modified: septiembre 20, 2025






