Sergio Sánchez

Periodista / Deportivo / Richard Ford / Novela

Supongo que es la semana perfecta en la que podemos hablar sobre novelas como estas… Hubo un tiempo en que las redacciones de deportes de este país no eran solo fábricas de impactos digitales, sino refugios para tipos que, mientras esperaban un teletipo, soñaban con ser Tom Wolfe y acababan conformándose con no liarla en el cierre.

En esos años de crónicas apresuradas y estadios que se vaciaban bajo una luz fría, muchos llevábamos un ejemplar de ‘El periodista deportivo’ en la mochila, no como una lectura de entretenimiento, sino como el mapa de una derrota que todavía no sabíamos que era la nuestra.

Leer a Richard Ford mientras te ganas la vida, precisamente, como periodista deportivo, es un ejercicio de masoquismo lúcido. Frank Bascombe no es un héroe de la profesión. Es un hombre que ha descubierto que la profundidad es una trampa mortal y que, tras el naufragio de su vida personal, decide que la literalidad del deporte es el único lugar seguro donde esconderse.

Vivimos en ello ahora, como sabéis. Entiendo a Bascombe porque yo también estuve allí, editando declaraciones vacías y buscando una frase brillante para un partido de regional que a nadie le importaba, descubriendo que el deporte, en el fondo, es un aislamiento deliberado de las cosas que duelen.

Ford captura como nadie esa distancia cínica: la idea de que describir con precisión el swing de un golfista es un acto mucho más honesto que intentar explicar por qué tu mundo se está desmoronando. Para un periodista que ha pateado redacciones, la figura de Bascombe es un espejo incómodo que nos recuerda que nuestra labor a menudo consiste en ser especialistas en lo exterior, en rozar una épica de cartón piedra para no tener que mirar lo que ocurre en tu vida.

Al final, lo que Ford nos puso delante fue la crónica de una sumisión aceptada. Me parece que su genialidad reside en recordarnos que, aunque buscábamos la Gran Novela Americana entre alineaciones y resultados, lo que encontramos fue la voz de un tipo de Nueva Jersey diciéndonos que estar ‘bien’, sin más ambiciones que el próximo domingo de liga, es quizás la victoria más épica a la que podemos aspirar.

Es ese realismo sucio, esa melancolía de pitillo, teclado y café frío, lo que hace que Ford siga siendo el único que de verdad sabe de qué hablábamos cuando hablábamos de fútbol.

Y otro día charlamos sobre ‘Revancha‘, de Kiko Amat o, claro, de ‘Fiebre en las gradas’, de Nick Hornby.

Cuando sea importante.

Las fotos son de abigail-keenan-8-s5QuUBtyM-unsplash, getty-images-jaODdxmamsg-unsplash, maxim-hopman-xyDkHkvDYp4-unsplash, md-mahdi-HrbNmjyFqAc-unsplash. Muchas gracias!

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Last modified: mayo 14, 2026

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