Sandra Sánchez

Auto estima / Auto ayuda / Novela / Historia / Trabajo

La original, la versión… qué más da

Le conoces y te gusta. Hizo cosas como ‘Alta fidelidad’ o ‘Fiebre en las gradas’. Algo más tarde, cuando seguía siendo igual de intenso e irreverente, escribió ‘En picado’.

Nick Hornby sabía que si escribía una novela pomposa sobre el suicidio, como hay tantas, qué demonios, el lector se pondría en guardia. Como Daniel Day-Lewis en ‘Pozos de ambición’. La emoción vendría filtrada, procesada. En cambio, si te hacía reír primero, te podía pillar con las defensas bajas. El dolor de los personajes llega casi por sorpresa, como funciona la vida real.

Ahí se juntan, en Londres, cuatro personajes que se quieren suicidar, cada uno por sus motivos. Se cuentan las historias que les han llevado allí y, para intentar charlar sobre algo interesante, como de qué color es aquel cuadro o a qué hora ha comenzado la luz del día, deciden trasladar el suicidio a un par de meses más adelante.

La diferencia más importante con un libro de autoayuda convencional es que al final nadie está bien. Los personajes no se curan, no aprenden una lección que les pueda cambiar la vida. Lo que cambia es muy pequeño: están un poco menos solos, y eso basta para seguir. Hornby propone que continuar viviendo no es una gran decisión filosófica sino algo más parecido a la inercia, al roce con otros. Es una visión, digamos, honesta.

Debajo del humor negro hay algo que conecta fácilmente con Camus: la pregunta de si la vida merece ser vivida es la más seria que existe. Hornby no la responde. La hace circular entre cuatro personas bastante ordinarias y bastante imperfectas, sin resolverla. Ahí está la novela y la bajada a tierra.

Sigamos con otra forma de pegarse con la vida

Imagina que estás a un paso de tirarte desde la Torre Eiffel en una noche del verano parisino porque piensas que tu vida no tiene ningún sentido. Y de pronto, aparece un desconocido que te dice que no lo hagas y que te ayudará a mejorar tu vida. Pero tienes que comprometerte a tope. Así empieza “No me iré sin decirte adónde voy”, un libro de autoayuda en forma de novela.

En él descubrimos la historia de Alan Greenmor, un chico de tan sólo 24 años con una inseguridad brutal y una autoestima bajísima, incapaz de encontrar solución a sus problemas. Hasta que se encuentra con Yves Dubreueil, que empieza a ponerle “tareas” que debe realizar, algunas muy cómicas, pero que realmente consiguen hacer que el lector recapacite y se dé cuenta de cómo muchas veces podemos llegar a permitir que nos pisoteen y nos hagan sentir innecesarios.

La autoayuda viene, cuenta, que si tú no eres el primero que no se respeta y se valora, los demás no lo van a hacer. Al final es uno mismo quien permite ser tratado de forma humillante y muchas veces confunde ser buena persona con soportar absolutamente todo.

Hasta he llegado a darme cuenta de que se puede llegar a procrastinar y no empezar algo por estar demasiado pendiente de la imagen que piensas que vas a dar. Cosas.

Dos historias, dos firmas, dos formas de pegarse con el día a día.

Lee. Subraya. Escribe. Relee.

Las fotografías son de daniel-martinez-GaxgmVGCHzc-unsplash y gian-reichmuth-Kp4y2W4oh9s-unsplash. Muchas gracias.

Visited 23 times, 1 visit(s) today

Last modified: mayo 11, 2026

Close