Gus Barral
España / Toledo / Star Wars / Noche
Vivo en Toledo.
Y quien vive aquí sabe que la ciudad no duerme del todo. De noche, los callejones se estrechan, la piedra guarda el calor del día y el Tajo sube en forma de niebla. Bécquer lo supo bien: escribió aquí algunas de sus leyendas, con estatuas que cobran vida y caballeros que no vuelven de la oscuridad.
Toledo siempre ha sido ciudad de aparecidos.

Aquella noche salí con la cámara, como tantas otras veces. Sin plan. Solo con ganas de caminar y mirar. Bajé hacia el río, crucé plazas vacías y escuché mis pasos rebotar contra los muros.
Entonces lo oí.
Un ruido metálico y pesado, como si algo enorme apoyara una pata sobre los adoquines. Luego otro. Y otro más.
¡Oh peñascosa pesadumbre, gloria de España y luz de sus ciudades!
Miguel de Cervantes, ‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’
No voy a intentar contarlo con palabras, porque sé que nadie me creería. Por eso hice fotos.
Vi sombras que no eran de nadie. Vi naves más grandes que la catedral, quietas sobre el horizonte, como si esperaran permiso para aterrizar. Vi cascos negros asomados a los balcones y soldados blancos firmes ante los monasterios. Vi cómo la Ciudad de las tres culturas recibía a una cuarta sin pestañear.
Porque eso fue lo más extraño: Toledo no se asustó.


Una ciudad que fue capital de los visigodos y casa de un emperador no se impresiona fácilmente. Ha visto pasar a romanos, árabes, judíos, reyes y turistas con palo de selfie. Un Imperio Galáctico es, como mucho, un capítulo más.
Cerca del Tajo, en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesuraGarcilaso de la Vega, ‘Égloga III’
Seguí caminando hasta el amanecer. Pasé por puentes, por miradores, por procesiones que avanzaban a la luz de las velas mientras algo gigantesco las observaba desde arriba. Nadie miraba al cielo. Todos miraban al paso.

Quizá esa sea la clave. En Toledo, lo extraordinario lleva tanto tiempo instalado que ya forma parte del paisaje.
Al día siguiente descargué las fotos. Ahí estaba todo. La niebla, la piedra, el metal. Mi ciudad de siempre, con visitantes de una galaxia muy, muy lejana.
Hace cuatrocientos años, un hidalgo manchego también vio gigantes donde los demás veían molinos:
Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
Miguel de Cervantes, ‘Don Quijote de la Mancha’
Y tampoco nadie le creyó.
Hay ciudades que se fotografían. Y hay ciudades que se sueñan.
¿Tú me crees?







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Last modified: octubre 23, 2026






