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Paddington 2: una de esas películas perfectas

(Sí, la más perfecta de todas)

Sergio Sánchez

Película / Infantil / Paddington / Londres

“Home, let me come home / Home is wherever I’m with you” — Edward Sharpe & The Magnetic Zeros, “Home”

Hay una edad —cada padre la reconoce a su manera— en la que la tele deja de ser una amenaza y empieza a ser una posibilidad. Con miedo y con cariño. No cualquier tele, claro: la que se puede ver sabiendo qué están viendo, y sobre todo la que se puede ver juntos. Esa es la única condición que de verdad importa: que lo que entra por la pantalla sea algo que luego se pueda comentar en la mesa, no algo que haya que fingir no haber visto.

El cine se comenta. Ahí está la clave generacional.

En mi casa esa película se llama Paddington. Si, es la película que apetece. Mis dos gorilas ya conocían al oso antes de conocer al oso: estuvimos en Londres, pasamos por Paddington Station, buscamos la estatua, y desde entonces cualquier escena rodada entre ladrillo victoriano y autobuses rojos les suena a algo. Reconocer un lugar en una película cambia cómo se ve una película. La convierte, un poco, en un álbum de fotos.

Pero no es solo la nostalgia londinense lo que hace de ‘Paddington 2‘ una rareza. Es que, durante años, fue —a efectos puramente estadísticos— la película mejor valorada de la historia del cine. Cuando salió en 2017 reunió 241 críticas positivas sobre 241 en Rotten Tomatoes: un 100% que ni “Ciudadano Kane” sostuvo mucho tiempo, hasta que una reseña de hace ochenta años reapareció en la base de datos y le restó un punto. Durante un tiempo, Orson Welles quedó, en el papel, ligeramente por debajo de un oso peruano con gusto por la mermelada.

Cosas.

Es un dato simpático, pero también revelador. Porque lo que hace grande a ‘Paddington 2‘ no es un truco de guion ni una vuelta de tuerca: es la ausencia casi total de cinismo. Hugh Grant compone un villano vanidoso y ridículo, sin una gota de crueldad gratuita; la ciudad entera —vecinos, carceleros, desconocidos— acaba, de un modo u otro, contagiada de la cortesía imposible del propio Paddington. Es una película que educa sin que se le note, que confía en que la amabilidad, dicho así, sin ironía, puede seguir siendo el motor de una historia.

Paddington 2 vs Ciudadano Kane en Rotten Tomatoes… Echadle un vistazo.

Y ahí está la clave del cine familiar que de verdad funciona: no el que rebaja el lenguaje para que lo entienda un niño, sino el que consigue emocionar exactamente igual a quien lo ve por primera vez a los siete años que a quien ya ha discutido con la industria hipotecaria y sabe lo raro que es encontrar bondad sin trampa. En mi salón la veremos los cuatro esta semana, sin que nadie mire el móvil. Cuando termine, ella nos preguntará si podemos ir a ver “la estación de verdad“. Él, más práctico, querrá saber si a los osos de verdad también les gusta la mermelada.

Sé que ‘Paddington 2‘ no es, objetivamente, la mejor película de la historia. Pero sé que es de las pocas que uno puede recomendar sin matices ni advertencias, sin ese “bueno, hay una escena un poco fuerte”. Y en la crianza, como en la crítica, eso —lo que se puede compartir sin reservas— empieza a parecer la definición más honesta de obra.

Las fotos son de jack-niles-d6SunQMhxKA-unsplash y de Warner Bros. Gracias!

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Last modified: agosto 11, 2026

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