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Verano / Horchata / Postre / Chufa

Hay una hora exacta en la que la horchata sabe mejor: cuando el sol todavía pega sobre el asfalto pero ya ha empezado, sin que se note, a aflojar el puño.

Es la hora en que mi abuelo se calzaba las alpargatas, cogía la botella vacía —siempre la misma, de litro, con el cristal algo verdoso— y bajaba a la calle sin decir más que “ahora vengo”.

Nosotros nos quedábamos arriba, en la terraza, vigilando la esquina por la que iba a reaparecer, como si aquel hombre menudo con la botella bajo el brazo fuera la prueba de que la tarde, por fin, iba a tener algo dulce.

No es del todo claro si la horchata es original de Valencia o si, simplemente, decidió instalarse en allí porque era el lugar perfecto. La leyenda cuenta que en 1238, recién conquistada la ciudad, una muchacha le ofreció al rey Jaime I un vaso de aquel líquido blanco hecho de chufa, y que el rey, al probarlo, exclamó que aquello no era leche sino oro. De ahí —dicen— el nombre.

OR XATA.

Cuenta la leyenda que una joven ofreció una bebida blanca y dulce al Rey Jaime I de Aragón. Complacido, preguntó: «¿Qué es això?» (¿Qué es esto?) y ella respondió: «Es leche de chufa». El rey exclamó: «¡Això no és llet, això és or xata!» (Eso no es leche, esto es oro, guapa), de donde algunos atribuyen el nombre a esta bebida.

jaime i de aragón, disfrutando

Es una historia demasiado bonita para ser del todo cierta, pero las leyendas no se inventan para ser ciertas: se inventan para que algo tan modesto como un tubérculo de huerta merezca un rey, una reconquista y una palabra propia.

La chufa llegó a Alboraya mucho antes de eso, traída por los árabes desde el norte de África, y allí se ha quedado, en una franja de huerta entre el mar y la ciudad que es, todavía hoy, la única de España donde se cultiva.

Pero a nosotros, en el resto del mundo, la horchata no nos llegaba con denominación de origen ni con leyenda gozosa: nos llegaba en una botella que mi abuelo dejaba en la nevera el rato justo para que el cristal se empañara, y que luego servía él mismo, despacio, repartiendo el blanco espeso entre vasos que nunca eran iguales.

Había algo casi litúrgico en el gesto: agitarla antes de abrirla, porque la chufa se posa en el fondo y hay que devolverle el cuerpo al líquido; servir poco, porque se calienta rápido y hay que bebérsela casi de un trago; y mirar, todos a la vez, la calle desde arriba, como si el premio no fuera solo el vaso sino la tarde entera vista desde la altura segura de un quinto piso.

También puedes añadirle fartons… rosquilletas, que decía mi abuela. Algo más clásico.

¿Es la horchata una bebida familiar? Lo es en la medida en que exige reparto de papeles: alguien tiene que bajar, alguien tiene que esperar, alguien tiene que servir, y alguien —el más pequeño, casi siempre— tiene que beberse el suyo demasiado rápido y pedir más antes de que se acabe.

No conozco ninguna otra bebida que organice tan bien una tarde de verano sin que nadie lo decida expresamente. El vermú, que es el otro gran ritual de este país, necesita un bar y una hora fija.

La horchata solo necesita una nevera, una ventana y la paciencia de esperar a que alguien vuelva con la botella.

Las fotos vienen de https://chufadevalencia.org/. Muchas gracias!

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Last modified: junio 18, 2026

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