Fernando Pérez Laguia

Sigo con mi investigación sobre el big bang de la consciencia. Nunca imaginé una aventura tan fascinante. El viaje intimida, ya que exige adentrarse en aguas muy profundas. Todo empezó con la misma ingenuidad que la humanidad tuvo al preguntamos ¿Qué somos? ¿De dónde venimos?  ¿Habrá un después?  Pero el camino se lió. ¿Qué es la identidad? ¿Qué es ser un hombre o una mujer?  

Hay un océano de información sobre el origen de muchas cosas. El origen del universo. El origen de la vida. El origen del hombre. Respuestas que empujan a nuevos interrogantes como; el origen del habla, el origen de la moral, incluso, el origen de las religiones…

De hecho, el origen de la consciencia sigue siendo un misterio. Hubo una época en la que se buscó la Piedra Filosofal, el Santo Grial o la Caja de Pandora, pero la “consciencia” se me antoja la reina de los interrogantes. Un enigma sobre el que pesa la construcción de la civilización humana. Un tesoro tan codiciado que ha terminado escondido bajo los sedimentos que cada cultura ha vertido sobre ella. ¡Qué incoherencia! Cada doctrina ha sucumbido al temor de encontrar una respuesta contradictoria con su propia creencia.

Igual que de crio crucé riachuelos saltando de piedra en piedra, daré zancadas sobre dichos orígenes. ¡A ver si llego a algún sitio!

La ciencia descubrió como la materia inerte paso a ser viva. Después, la evolución convirtió una célula ancestral en nuestra especie, y de alguna forma, nuestro cerebro humano consiguió gestionar la información de sus percepciones para recrearse una versión del mundo, que, con el lenguaje, llamamos… ¡La realidad!

Una farsa tan convincente como controvertida.

«La ciencia se compone de errores que, a su vez, son los pasos hacia la verdad»

Juio Verne

La ciencia intenta averiguar cómo se produjo el “primer pensamiento”. Antes intentamos dilucidar; ¿En qué consiste la atención?

Definimos “el propósito” en la naturaleza por nuestra predisposición a interpretar todo bajo una “animosidad”. 

Nos gusta creer que, todo se encadena en una relación causa efecto.

Todo esconde una intención, y en su extremo, está el plan de un creador. ¡Qué frustración admitir nuestra ignorancia cuando no sabemos el por qué!

Así empezamos a contarnos los cuentos. Nos dijimos que todo ser vivo “tiene grabados dos propósitos”; sobrevivir y reproducirse. Eso determinó cuál es la prioridad en la gestión de la información del sistema nervioso. Si ese ser tiene un cerebro como los humanos, a lo que percibimos le otorgamos significados aprendidos generación tras generación. ¿Un aprendizaje por revelación? Otro origen por desvelar. Así el mundo se polarizó entre lo que consideramos bueno y lo sentido malo. Por ejemplo; la comida, los amigos, o el amor, versus los venenos, el enemigo o el rencor.… ¿Cuándo empezó todo?

Ese origen obligó a definirse Montesco o Capuleto.

Es imposible leer el pasado sin prejuicios. Pero buscando, encontré que los homínidos inventamos deidades antes de saber cuál era la definición de Dios. ¿Por qué? Porque las emociones, como el miedo, fueron una herramienta muy persuasiva para dirigir la conducta.

El sentimiento siempre gana a la lógica.

Lo que empezó como superstición destiló mitologías desembocando en politeísmo, hasta llegar a la unidad. Hoy el monoteísmo dirige el mundo. ¡Lástima que no llegáramos a un acuerdo sobre cuál es el verdadero creador!

La consciencia tiene una dificultad añadida: hay que consensuar su significado, y ni la neurología la acota, ni la filosofía la define. He aquí el dilema.

¿Qué tiene que ver esto con la consciencia?

Al principio pensé que nada.

Pero, ¿qué es el alma? El creyente divide la existencia entre lo material y lo inmaterial. ¿Y dónde está la consciencia? La ciencia no la puede ubicar en el cuerpo, por mucho que segmenta las partes del cerebro. ¿Estará en el alma?

Entonces ¿El ateo que niega el espíritu reniega de la consciencia?

«La formulación de un problema es más importante que su solución» 

Albert Einstein

Tal vez en un momento determinado, uno de nuestros ancestros sufrió un estímulo que perduró el tiempo suficiente como para provocarse un ¿“pro-sentimiento”?

Tal vez así podamos explicar el salto del “ser”, al de “existir”, porque se ha inducido un “sentir”. Por otro lado, sin emoción no hay atención.

La neurología actual considera “la atención” como un ingrediente fundamental para provocar pensamiento. Por tanto, recapitulemos. ¿El animal que se asusta y gira la cabeza hacia su temor, determina “su prioridad”?

Sabemos que la capacidad de concentración es inversamente proporcional a la intensidad de una preocupación. ¿Y? ¡Eureka!

Ya tenemos los ingredientes para crear la ocurrencia. ¿Cuál? La que fuera capaz de disminuir el desasosiego.  ¿Así el chaman se inventó y ofreció su consuelo?

Sartre en ‘La náusea’ dice que; “Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”.

Y yo tenía que elegir.

En mi primer libro, ‘El error de Chunag -Tzu’, los personajes se enfrentaron a un problema físico. El hijo de uno de ellos nació inconsciente pero físicamente normal, provocando la obligación de buscar desesperadamente dónde y cómo provocarle la recuperación de la consciencia de existir. El libro trata el problema desde un punto de vista científico hasta que llega esta discusión;

  • Exageras, pero de ser así, ¿Qué importa ahora? ¿Quién soy ahora?
  • ¿Cómo que qué importa? Tres cuartas parte de los habitantes del mundo nacen en un lugar sin futuro, en el seno de una familia proscrita, en un barrio marginado, o en un país fallido, viven con la sensación de estar fuera de juego, de ser inapropiados, inoportunos, y sufrir una deuda por su existencia. ¿Conoces algún lugar con las miradas limpias de prejuicios, criticas o desilusión? ¡No! Salvo el que te ofrezco. El hombre tiene la mente colmada, pero siempre insatisfecha. Preocupado por su apariencia, exige honestidad. Sin embargo, se miente diciendo que la amabilidad rara vez acarrea problemas cuando siempre hay alguien que se sienta a tu lado con un libro del pasado para convencerte de su superioridad moral.

Así pasamos de la cara A del problema, donde habló la ciencia en boca de neurólogos y matemáticos, para pasar a la cara B, donde escucho las voces de filósofos y teólogos que deshilachan el tamiz de las creencias.

¿El origen de la consciencia coincide con el origen de nuestra espiritualidad?

La investigación se complica, ya que todas las religiones dejaron de hablar de dios para dictar las normas de convivencia y las reglas de conducta que derivaron en nuestra legislación. Toda una retahíla de obligaciones para reencontrarnos con nuestros difuntos.

Todas las creencias del hombre han usado como herramienta el miedo a morir. Y cuando la propia muerte fue insuficiente, se usó la tristeza causada por la muerte del ser más amado. Y otra vez nos dijeron cómo debíamos vivir, cómo comportarnos, porque si la propia muerte asusta, la de un hijo desconsuela hasta con la certeza de un más allá.

Seguimos.

Las fotos son de: mike-swigunski-uTQgW9pnNT8-unsplash, karsten-winegeart-K6udCQtsvDQ-unsplash, noah-buscher-PSnkh76C-Z8-unsplash, nikolas-gannon-tpkYlEeoQcM-unsplash, a-c-YiwKhLniwek-unsplash, neven-krcmarek-4z6TIH6D_pw-unsplash.

Gracias!

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Last modified: marzo 9, 2026

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