Javier del Pozo Esquide
Dia 2, Suso y Yuso.
Habiendo descansado bien, a pierna suelta, nunca mejor dicho teniendo en cuenta el tamaño de la cama, nos aseamos y bajamos a desayunar. En el comedor decidimos ir a visitar los monasterios Suso y Yuso… y lo que cayese. En previsión a no saber dónde íbamos a estar a la hora de comer, desayunamos fuerte, por si acaso, y al acabar salimos del Parador, marchando para San Millán de la Cogolla, localidad donde se encuentran los monasterios que hemos decidido ir a ver, la cuna del idioma castellano.
El viaje no es largo, unos veinte minutos. Antes de llegar a San Millán de la Cogolla hay una desviación que lleva directo al monasterio de Yuso, pero me la paso y un poco más adelante me encuentro con la entrada del pueblo.
Sopeso la situación y decido atravesar el pueblo para llegar al Monasterio. La decisión es acertada y recorremos la calle que es recta y de una sola dirección y acabamos en la entrada del Monasterio de Yuso.
Para ver los monasterios hay que sacar entradas y atenerse a un horario porque son visitas guiadas… y resulta que el Monasterio de Suso no se puede visitar. 800 años de existencia y se nos ocurre ir a verlo cuando se han puesto a reformarlo por mantenimiento. El Monasterio de Yuso, en cambio, si se puede ver y allá que vamos. El Monasterio es una mole sobria, impresionante. Se construyó sobre los restos derribados del monasterio original, porque se había quedado pequeño. Desde luego lo construyeron para albergar un buen número de monjes…
El Monasterio fue expropiado en el siglo XIX, por la desamortización de Mendizabal, pero años después volvió a ser ocupado, aunque el edificio y su contenido son del Patrimonio Nacional. El Monasterio alberga una de las bibliotecas de códices más importantes de España. Los códices son libros escritos, pintados y decorados a mano, hechos con pergamino y suelen pesar entre 40 y 60 kgs. Su valor es incalculable… quizás no tengan precio. Acabada la visita de Yuso, y sin poder ir a Suso, decidimos hacer caso a la guía de nuestra visita y nos dirigimos a Cañas donde hay una abadía cisterciense del siglo XIII.
Dia 2, Cañas:
Desde el monasterio de Yuso en San Millan de la Cogolla a Cañas no hay mucha distancia. Cañas es un pueblo pequeño y la abadía se ve inmediatamente al llegar. Aparco el coche junto a la tapia del monumento y entramos a verlo. La abadía no es muy grande y está muy desnuda: la imagen de una virgen, un retablo cambiado de lugar y el sepulcro de la abadesa doña Urraca, familiar de los Lope de Haro, que entró de niña en el convento y de mayor se hizo con los mandos de la abadía, alcanzando esta su máximo poder e influencia.
De la abadía lo que más me gusto fue la sala donde están expuestos tallas, pinturas y los objetos de arte sacro. Por el contrario, no entendí la exposición de construcciones LEGO que había en pasillo del claustro. Acabada la visita y sin ganas de comer, con mucho tiempo por delante, mi camarada de viaje volvió a la carga con aquello de visitar Santo Domingo de Silos y yo, con la guardia bajada, acepté. Después, cuando me di cuenta, ya era tarde. Así que carretera y manta y a Silos.
Si queredes saber quién fizo esti dictado, /
gonzalo de berceo y el mester de clerecía
Gonçalvo de Berceo es por nombre clamado, /
natural de Madrid, en San Millán criado, /
del abad Juan Sánchez notario por nombrado
Dia 2, Santo Domingo de Silos:
La distancia entre Cañas y Silos son ciento y pico kilómetros. Cuando acepté ir a Silos, asumí la distancia que había que recorrer, pero lo que no sabía era cómo era la carretera por la que había que pasar. Su recorrido sigue el curso del rio Najerilla, que dicho así no parece mucho; pero es que el Najerilla discurre entre montañas llenas de vegetación que conforman gargantas y cañones muy estrechos, cuajados de enormes peñascos. La carretera es muy sinuosa por las abundantes curvas y en algunos puntos en mal estado.

El paisaje es impresionante, pero no se puede disfrutar de él porque, a pesar de tener que ir a baja velocidad, hay que estar pendiente de la carretera. La cosa se suaviza cuando se llega a Castilla-Leon por la provincia de Burgos. Llegamos a Silos a media tarde y sin pausa aparcamos el coche y buscamos el Monasterio para ver su claustro, pero antes pasamos a ver la iglesia de San Sebastián, que dicho sea de paso nos dejó indiferentes.
Seguimos. La entrada al claustro de Silos es barata sobre todo para los mayores de 65. Lo que me hace gracia, y en cierto modo me agrada, es que siempre que reclamo el precio de mayores nos piden los carnets para comprobar la edad.

El claustro es una maravilla, una joya. Ahí siguen sus icónicos cipreses, su techo artesonado y sus columnas retorcidas. Ahora, con la tecnología digital, te proporcionan un código QR, que te facilita un vínculo en el que puede escuchar la información sobre lo que vas viendo en el claustro. Lo ideal es hacer la visita en equipo, uno hace fotos y el otro tiene el móvil conectado al vinculo QR, para escuchar lo que cuenta.
Al finalizar la visita al claustro, mi mujer se enrolló con una colombiana, empezó a explicarla cómo se lavaba la ropa en un antiguo lavadero que hay en un río cercano y acabó contándola cómo se hace el dulce de membrillo. Finalizado el intercambio cultural nos sentamos en una terraza con la idea de picar algo en sustitución de la comida que no habíamos hecho, pero nos tuvimos que conformar con unas cervezas, aceitunas y una bolsa de patatas fritas.
“El claustro de Silos es una maravilla, una joya. Ahí siguen sus icónicos cipreses, su techo artesonado y sus columnas retorcidas”.

Finalizado tan magro tentempié cogimos el coche y vuelta, pero no por donde habíamos venido. Enfilé en dirección a Lerma para desde allí acceder a la A1 y llegar a Santo Domingo de la Calzada, siguiendo la ruta del primer día. Esta vez cenamos en el Parador y rápidamente a la cama, a recuperar fuerzas para el día siguiente.
Las fotos son de: Wikipedia y personales.
Mil gracias.
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Last modified: febrero 13, 2026






