Goretti Gómez López

De Doce a doce y cuarto, una de las canciones más queridas de Supersubmarina, no solo forma parte del legado del indie español: también es una puerta directa a los comienzos, a esos momentos en los que el mundo parece reordenarse. Este artículo explora su fuerza emocional, su contexto cultural y cómo una melodía.

Supersubmarina: vivir

Hay canciones que no solo se escuchan: se viven, se respiran, se recuerdan. En el universo de Supersubmarina, ‘De doce a doce y cuarto‘ pertenece a esa estirpe de melodías que parecen abrir una rendija en el tiempo, como si al pulsar “play” regresara una versión nuestra que creíamos dormida. Quizá por eso emociona tanto: porque no describe una historia en particular, sino que nos devuelve a ese territorio frágil donde todo está empezando.

Y ya empezamos otra vez
Con la batalla
Te rindo y tú me muerdes la garganta
Olvida lo que hay
Fuera de mi cama

Supersubmarina, ‘De doce a doce y cuarto’

No sé si alguna vez habéis sentido esa conexión directa, casi eléctrica, que aparece sin aviso. Esa mezcla de emoción, curiosidad y vértigo que surge cuando conoces a alguien y, de repente, el mundo se ordena de otra manera. A veces parece que todos los tropiezos previos, toda la gente equivocada, todas las heridas, todos los desvíos, hubiesen tenido sentido solo para permitir que ese encuentro llegara. Que todo lo malo, de alguna manera, compensara la irrupción luminosa de una persona concreta.

Escuchar ‘De doce a doce y cuarto‘ me lleva exactamente ahí: al recuerdo de un principio. A una noche en la que, entre risas y torpezas, me atreví a decir “te quiero” sin pensarlo demasiado, casi como un secreto que se me escapaba. Una noche en la que él tenía un esguince y yo había llegado demasiado alegre como para controlar lo que decía. Y, aún así, lo que realmente me dejó en vilo no fue mi confesión, sino su silencio: ese silencio lleno de posibilidades, de caminos que podrían abrirse o cerrarse en un instante.

Los comienzos

Con el tiempo, ese vértigo se convirtió en algo más firme. En pequeños gestos, en complicidades nuevas, en lo que se construye sin anunciarse. Y en medio de ese comienzo, hubo otras escenas que ahora recuerdo con una mezcla de ternura y asombro. Como aquella época en la que nadie sabía que estábamos juntos: ni nuestros compañeros, ni sus amigos.

Recuerdo esconderme debajo de su cama cuando pasaban por allí colegas suyos del trabajo, tratando de contener la risa mientras escuchaba sus voces al otro lado de la pared.

O el momento en el que tuvimos que decírselo a mi jefa, y cómo sentí que algo se hacía oficial, casi real por primera vez. O aquella tarde en el metro, en la que caminé detrás de él porque iba acompañado de otros compañeros, fingiendo no conocernos mientras mis pasos intentaban no delatarme.

Todas esas escenas, tan torpes y luminosas, regresan cada vez que la canción empieza. Son los primeros latidos de una historia que no sabíamos que estaba creciendo.

“Hubo otras escenas que ahora recuerdo con una mezcla de ternura y asombro

esos comienzos…

Y, sin embargo, ‘De doce a doce y cuarto‘ no solo me devuelve a esos recuerdos: también me recuerda cómo, con el paso de los años, sigue flotando en mí esa frase que parecía escrita a medida: “todo el tiempo para ser eternos”.

Porque hay vivencias que no caducan. Se transforman, sí, pero continúan siendo un lugar al que regresar.

Enmarcar estas emociones en la obra de Supersubmarina implica recordar el lugar que la banda ocupa en la memoria cultural reciente. Surgidos en plena efervescencia del indie español, cuando una generación buscaba un lenguaje propio para contar sus desvelos, sus canciones se convirtieron en himnos íntimos que hablaban de lo cotidiano sin solemnidad. Su ascenso coincidió con un momento en el que la música alternativa ganó presencia en festivales, radios y conversaciones entre amigos; eran parte de una escena que crecía y que reclamaba sensibilidad, cercanía y verdad.

Tras el accidente que interrumpió abruptamente su trayectoria, su legado quedó suspendido en un tiempo detenido, lo que intensificó aún más la forma en que sus canciones funcionan hoy: como cápsulas emocionales abiertas, listas para que cada oyente encuentre en ellas sus primeros latidos.

Quizá esa sea la magia duradera de Supersubmarina: recordarnos que, incluso cuando la vida avanza sin pedir permiso, podemos regresar a esos instantes en los que algo dentro de nosotros despertó por primera vez. ‘De doce a doce y cuarto‘ no es solo una canción, sino un aviso: seguimos siendo capaces de sentir con intensidad, de empezar de nuevo, de encontrar en lo cotidiano un destello inesperado.

Y tal vez esa certeza, la de que aún hay comienzos posibles,  sea la razón por la que seguimos pulsando “play”.

Fotos de: Wikipedia e Instagram, junto a haania-m-j-0mvbjXpLVK0-unsplash, matheo-jbt-Ed4v7DgT5Do-unsplash. Gracias!

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Last modified: enero 23, 2026

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