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Ratatouille: la crítica más generosa jamás escrita sobre comida casera

Cocina y memoria.

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Cocina / París / Ratatouille / Disney

Una gran película. Partimos de esto. Una de esas que te apetece ver una tarde de otoño, cuando sueñas con visitar París.

Ah.

Anton Ego es, durante casi toda la película, el villano perfecto y uno de los personajes más geniales de Pixar: un crítico gastronómico tan temido que su despacho tiene forma de ataúd. Pero cuando por fin prueba el plato que da título a la cinta —un guiso humilde, de campesino, cocinado por una rata—, Pixar hace algo que ningún otro guion sobre alta cocina se había atrevido a hacer: reduce al crítico más severo del mundo a un niño en la cocina de su madre.

Marcel Proust ha visto la película muchas veces, sin duda.

“La basura media es probablemente más significativa que la crítica que la juzga como tal”

Su reseña, escrita al día siguiente, no es una lista de estrellas ni de técnicas. Es una confesión: que el trabajo del crítico es fácil, que arriesga poco, que “la basura media es probablemente más significativa que la crítica que la juzga como tal”.

Y termina con la frase que ha sobrevivido más de quince años en redes: no todo el mundo puede ser un gran artista, pero un gran artista puede venir de cualquier parte.

Lo que hace grande esta escena no es la animación ni el gag de la rata cocinera. Es que se atreve a decir, en pleno auge de la alta cocina de autor, que el guiso de la abuela puede tener tanto mérito artístico como cualquier estrella Michelin —si detrás hay memoria, cuidado y verdad.

Imagina cocinar para hacer el último plato de tu vida. ¿Lo harías con memoria e imaginación?

Atrévete.  

La foto es de Disney, de diana-light-tsOqOJJz5k8-unsplash. Muchas gracias!

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Last modified: agosto 26, 2026

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