Aida Ruano

Escrita por Kurt Cobain en 1991… Es una canción de 3 minutos. Como el libro del que hablamos.

Que a nadie le lleve a engaño cuando hojee este libro: sí, son apenas 132 páginas; sí, son capítulos breves, incluso brevísimos, que a veces parecen meros apuntes; sí, se puede leer en una tarde.

Pero es lo opuesto a una lectura ligera o fácil.

No por el estilo de su autora, que se ajusta perfectamente a lo que quiere narrar y es preciso, económico aunque no parco, depurado.

Es su contenido el que es abrumador, brutal en su desnuda esencia, y probablemente no podría ser de otra forma, porque en este texto Belén López Peiró le echa un pulso a su propio pasado, vomitando toda la carga de oscuridad y mezquindad que parte de su familia y de la sociedad le han hecho tragar y le han tirado encima, para reencontrarse a sí misma reconstruida y libre al final de esta personalísima travesía del desierto.

‘Por qué volvías cada verano’ narra el abuso sufrido a manos de su tío, en cuya casa pasaba los veranos refugiándose del desinterés y la inestabilidad de su propia unidad familiar, el posterior proceso judicial cuando denuncia lo ocurrido y el impacto que la revelación tiene sobre toda su familia extendida e, incluso, la localidad de esos veraneos.

En esta breve narración, publicada en España por la siempre interesante editorial Las Afueras, la autora argentina combina la objetividad aséptica de los documentos judiciales del interrogatorio a varios testigos con una amalgama de voces, que por turnos van haciendo su intervención en el libro, en unas pocas hojas o, incluso, un único párrafo.

No siempre es fácil averiguar quién habla, pero esto no complica la lectura ni resta efectividad al resultado: al contrario, refuerza la sensación de esa joven mujer zarandeada por diferentes intereses, juicios y opiniones, estableciendo su relato pese a la cacofonía que la rodea, encontrando su voz en medio de la confusión.

Es su contenido el que es abrumador, brutal en su desnuda esencia, y probablemente no podría ser de otra forma”

En muchos puntos a lo largo de la narración es la rabia la que parece impulsar a la autora. Y no es para menos, cuando leemos reflexiones como esta: “Para mí la gente no hace lo que puede, hace lo que quiere. Para mí, mi familia no hizo lo que pudo con esta situación. No. Para mí ellos eligieron hacerse los pelotudos, eligieron mirar para otro lado. Se cagaron en mí”.

No es para menos, cuando leemos cómo reproduce lo que algunas personas de su entorno llegaron a decirle o cómo llegaron a actuar. Pero, a la vez, brillan los momentos en los que leemos a esa misma voz encontrarse y defenderse, reconstruirse y levantarse.

Emociona leer fragmentos como aquel en el que pide a su padre que no se muera todavía, aquel en el que describe la “ola inmensa y brava” que a punto estuvo de llevársela por delante o el retorno a la casa de su abuela después de años sin pisarla, porque su abusador todavía era admitido en ella: el abrazo reparador de la edificación, tan parecido a perdonarse a una misma.

Como el abrazo que hay en esta lectura para quien esté dispuesto a acompañar a Belén López Peiró en esta travesía a nado.

Las fotos son de: klara-kulikova-rdNvTJ3A8gY-unsplash, eric-ward-akT1bnnuMMk-unsplash. Muchas gracias!

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Last modified: febrero 13, 2026

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