ZonaCultura
Acercarse a Italia en cualquier momento del año es una gozada. Poder ver los mercados navideños en Nápoles; oler las adelfas, las lantanas, la hiedra o los lirios en Roma mientras caminas por el Foro; acercarse al Adriático mientras nieva el calor veraniego; pero estamos en el momento en el que estamos.
Y nos lo pide el cuerpo.

El Otoño en Florencia, al norte de Italia, te permite olfatear cómo el río Arno va llevando muchas hojas hasta Livorno.
Te permite ver las caídas de sol, cada vez más tenues, desde la Piazzale Michelangelo. Subir hasta allí dando una vuelta, mientras escuchas una mezcla rara entre los estudiantes americanos que están pasando allí su año de exilio, con litros de vino invalorable, y un intento de contarnos cómo era aquella canción de Luigi Tenco o de Gino Paoli…
“Suona un’armonica
gino paoli no es de florencia, pero pega…
mi sembra un órgano che vibra per te e per me“
La época más típica para ir a ver Florencia, y los italianos me dicen la palabra ‘típica’, no ‘mejor’, es primavera. Un mes más tarde hace mucho calor. Y un mes antes no hay hojas en los árboles, y son bonitas.
Pero ir ahora… Es una maravilla.
La historia de Florencia es gozosa y bebible. Abarca desde ser un asentamiento etrusco o colonia romana, que se creó para las jubilaciones de los grandes e históricos soldados, hasta convertirse en la cuna del Renacimiento. De hecho, algo antes se convierte, algo que nos encanta, en República de Florencia, una poderosa ciudad-estado brava por su economía y el uso de su propia moneda de oro, el florín.
Gozosa históricamente, además, porque unos años después consigue, desde la mil veces nombrada familia Médici, convertirse en el epicentro mundial del Renacimiento.
Todo empieza allí.
Donde discuten Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Brunelleschi… Donde nace Boticelli y decide hacer un cómic con el ‘Nacimiento de Venus’ (puedes ir a verlo en la Galería de los Uffizi, un edificio que nunca olvidarás, creado por Giorgio Vasari en 1560, junto al mando de Cosme I de Médici).
Donde tomar un café en la Plaza de la Signoria se convierte en escuchar una conversación con los Médici para discutir si deben decirle a Roma que ha perdido en el legado cultural que ellos han arrebatado.
Caminar por Florencia es abrir la Puerta del Paraíso que Lorenzo Ghiberti creó, mientras se escucha a Dante gritando a Boticelli porque no le gusta la nariz que le ha dibujado.
Y escuchando a Brunori Sas les traslada al presente.
“En una bandada de blancas palomas, un cuervo negro añade más belleza incluso que el candor de un cisne“
La pintura, de Botticelli.
La frase, de Boccaccio.
Él, Dante.

Si vas a Florencia recuerda que es más bonito decir Firenze. Y buscar quién te lo dice, o a quién se lo puedes decir.
Y esas personas, quienes han gritado Firenze durante siglos, ya sabes quienes son. Búscales. Vas a ver que estuviste con todos ellos, con todos los que estudiaste en BUP y COU, en el bachillerato, en el PREU. Y que ahora ves en algunas ocasiones, en alguna red social. O en sites como este.
Caminar por Florencia
y en la toscana entera…
es abrir la Puerta del Paraíso
Disfruta el viaje.
Y aprovecha para pisar hojas. Para eso estamos.
Por cierto: el nombre latino original era Florentia, que significa “florecimiento” o “lugar que florece”.
Y, como siempre, la A y la B:











Gracias a: en este caso, los colaboradores!
arboles bosques firenze florencia fotografia gatos italia luz noche sol turismo viajar
Last modified: noviembre 17, 2025






