Javier Medina

La maresía es ese abrazo invisible que te da el mar cuando estás cerca.



Es el olor a roca de playa, a lonja recién abierta, o ese primer instante en que llegas a la costa, bajas la ventanilla y dejas que el viento te golpee con una mezcla de sal y vida, como si el océano susurrara: “ya estás en casa”.

Me encanta la palabra maresía.

Me transmite tanto… que me hace feliz.

Para quien vive junto al mar, puede ser solo el olor de cada día.

La maresía es ese abrazo invisible 
que te da el mar cuando estás cerca.

Pero para quien vive en secano, echar en falta la maresía es una sacudida de libertad, un pellizco de infancia que trae de golpe las tardes y noches de pesca con tu abuelo o las aventuras entre rocas, buscando cangrejos escondidos.

A veces da la sensación, incluso, de que es complicado compartirlo si no lo estás viviendo. Porque se quedan las palabras mojadas, o llenas de arena.

La maresía no se explica: se siente.


Es una palabra que solo se entiende cuando agudizas tus sentidos.


Es fe.


Es recuerdo.


Es felicidad.


Puro amor al mar y al océano.

Foto frank-mckenna-OD9EOzfSOh0-unsplash, alexandra-diaconu-VuBzplNNi0k-unsplash, raimond-klavins-QtfPpbR8OrU-unsplash. Mil gracias.

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Last modified: febrero 16, 2026

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