Aida Ruano

Nick Cave cuenta tan bien las cosas que da miedo en cada frase

Una casa escondida en medio de bosques y montañas, en la que presente y pasado se entremezclan; un día en el que caben décadas, incluso siglos: ‘Te di ojos y miraste las tinieblas‘ utiliza dos de las unidades del teatro clásico (espacio y tiempo), aunque su autora, Irene Solá, sabe escurrirse con habilidad entre las rigurosas directrices por las que transcurre su breve novela para inundarla de acciones y peripecias, en una algarabía tan apabullante como adictiva.

“Quería verlo. Quería ver cómo se le negaban la salvación y la gracia divina por haber andado tantas veces con el diablo”.

irene solà, ‘te di mis ojos y miraste las tinieblas’

En una época en la que las novelas de trama son, indudablemente, las más populares, es una apuesta quizá arriesgada armar una historia en la que el lector no se vea impelido a continuar por conocer la resolución de un misterio o conflicto, sino por el mero placer de leer más, de descubrir qué, y sobre todo cómo, nos contará la narradora a continuación.

Te di ojos y miraste las tinieblasno pertenece a ningún género “tradicional”: tiene ingredientes de novela histórica, literatura fantástica, narración oral, conseja de aparecidos, elementos tenebristas e incluso toques del realismo más costumbrista. Los lectores somos niños sentados en torno al fuego, escuchando leyendas locales, anécdotas curiosas, cuentos de fantasmas, prendidos por el puro talento narrativo de Solá, que logra hacer plausible lo maravilloso y extraño lo cotidiano.

‘Te di ojos y miraste las tinieblas’ no pertenece a ningún género ‘tradicional’.

Esta novela la habitan una serie de personajes que surgen y desaparecen, que nos cuentan mucho o nada de sí mismas, que se contradicen unas a otras, que se quieren o no se entienden.

Todo, desde una misma casa de campo agazapada en un remoto rincón de la sierra de Les Guilleries, que bulle con el quehacer diario de sus habitantes actuales, pero, sobre todo, con la memoria de las mujeres que la han habitado en el pasado: una familia marcada por un fundacional pacto con el diablo.

Había nacido, como todas las cosas que nacen. Pero Marta no se había muerto. Todavía. Como todas las cosas que mueren”

Es el día en el que va a morir Bernadeta, y los fantasmas de las otras mujeres que han vivido en esa casa se afanan a su alrededor, preparándose para darle la bienvenida entre sus filas, mientras rememoran el pasado o comentan el presente. A la vez, la hija y la nieta de Bernadeta deambulan sin la menor conciencia de ser observadas por sus ancestras, situación que Solá aprovecha para hacer algunas magistrales e ingeniosísimas descripciones desde el punto de vista de una persona que ignora lo que son y qué función tienen diferentes objetos cotidianos, como un móvil o una pastilla efervescente.

“Aunque lo peor de todo, musitó, no es morirse. Todos nos tenemos que morir un día u otro. Lo peor es la soledad”.

Y es que si algo sobresale por encima de todo, si hay un elemento que asegura que la narración funcione, es la precisión juguetona de las palabras de su autora, el sentido del ritmo, la incesante inventiva en este torrente de acontecimientos.

Dice Irene Solá en una entrevista que considera al lector “alguien absolutamente inteligente y capaz, que se presenta ante el libro con todas las ganas“, y se percibe en cada línea. La autora no cae en la tentación de explicar, de simplificar ni de subrayar, pero sí nos tiende una mano firme que nos guiará a través de la espesura de la sierra y los recovecos de la masía.

Mi único consejo para cualquiera a quien haya podido convencer con estas líneas de que se asome al mundo narrativo de Irene Solá es tener por delante tiempo y calma para disfrutarlo y sumergirse en él, porque se beneficia de una lectura tan «del tirón» como sea posible.

Porque, ¿quién querría estar pendiente del reloj cuando se asoma a la oscuridad en la que las cosas suceden?

Las fotos son de: natalia-blauth-Es3FWi6CzLs-unsplash, unseen-studio-s9CC2SKySJM-unsplash, alaric-duan-ChT0vXQkXnk-unsplash.

Muchas gracias!

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Last modified: noviembre 19, 2025

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