Aída Ruano

Recuerdo la sensación de sorpresa cuando, en las semanas anteriores a los Goya, alguien a quien sigo en Bookstagram comentó que la película Salve María (Mar Coll, 2024) era una adaptación de la novela Las madres no, de Katixa Agirre. Y no precisamente porque el tema del libro no sea interesante -una escritora que acaba de tener a su primer hijo se obsesiona con otra madre que ha asesinado a sus gemelos al darse cuenta de que la conoció, años atrás­-, sino porque me parecía una de las novelas más literarias que he leído últimamente.

“Literaria” en oposición a “cinematográfica”: una novela que transcurre casi por entero en la cabeza de su narradora, con una trama que engancha, provoca, repele y fascina gracias a una prosa eficaz, en la que no sobra absolutamente nada. En la que brilla la capacidad de análisis de unas realidades de las que, por lo general, poco se habla y en las que menos se ahonda, y recorrida por un humor negro, negrísimo, que nos hace cómplices de esa escritora y madre atribulada que es la única voz que oímos en la narración.

Las madres no. Katixa Agirre.

Nuestra narradora ha sido madre recientemente sin haberlo planeado. También ha recibido un premio literario que sirve de impulso a su vocación en el que, tal vez, sea el peor momento posible.

Nuestra narradora quiere a su hijo, pero también quiere continuar escribiendo, y la casualidad le ha puesto por delante un tema que no logra soltar. Nuestra narradora, ante el espejo deformante de Jade/Alice, la elusiva figura de su pasado de la que solo sabe que ha matado a sus dos bebés en lo que parece una crisis de psicosis postparto, analiza su propia actitud ante la maternidad y, de paso, todo el constructo social que rodea a la figura de la madre.

La voz de esta mujer de la que no sabemos el nombre, que combina reflexiones incisivas con declaraciones lapidarias, curiosidades históricas (como la actitud ante el asesinato de los hijos en diferentes épocas y culturas) e incluso un desternillante decálogo de la madre malvada versus la buena escritora, es el gran logro de Katixa Agirre y lo que sostiene de forma tan brillante toda la novela.

Hay un momento en que la narradora teme que el libro que está escribiendo se convierta en una serie de reflexiones insulsas en torno a la maternidad: precisamente en esa voz tan bien medida está la clave para que esta novela nos enganche igual cuando su narradora describe, de forma tan económica como emotiva, la emoción de sostener a su pequeño en brazos, como cuando, con precisión clínica, explica cómo el infanticidio solo exige omisión: “No lo abrigues, no lo alimentes, no lo cuides, abandónalo en el bosque, enciérralo en un armario, olvida que lo has puesto ahí. Listo”.

No lo abrigues, no lo alimentes, no lo cuides, abandónalo en el bosque, enciérralo en un armario, olvida que lo has puesto ahí. Listo“.

Caminos

Por todo esto, no me sorprendió descubrir que Salve María, si bien bebe directamente de Las madres no y comparte muchos de sus temas, es una reelaboración que tira por sus propios caminos y se puede disfrutar (no sé si es la palabra) de forma independiente o combinada con la novela. Por mi parte, no he parado de recomendar el libro de Katixa Agirre a la gente de mi alrededor y tengo ganas de leer cualquier cosa que ella escriba. En un movimiento nada casual, la autora ha incluido en el libro un agradecimiento a quienes cuidaron de sus hijos mientras ella escribía, y como lectora agradezco también a esa tribu, y a todas las tribus, que están ahí para que las madres puedan ejercer su faceta creadora.

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Last modified: febrero 13, 2026

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