Javier del Pozo Esquide

Último día: Haro

Ultimo día. Desayunamos en el Parador, esta vez moderadamente porque vamos a Haro comer. Se trata de una invitación-regalo, que nos hicieron. Aprovechando la invitación nos proponemos realizar una visita turística por Haro, pero antes nos pasamos a ver los últimos monumentos que nos quedan por ver en Santo Domingo.

Por ejemplo, trozos del lienzo y torreones que quedan de la muralla que rodeaba la ciudad antiguamente y del Parador San Bernardo de Fresneda, que forma parte de un monasterio del que se puede visitar la iglesia y el museo, que tiene una colección de tallas en marfil muy interesante. 

Una vez completada la visita nos dirigimos a Haro. Voy preocupado, porque además del tiempo que nos va a llevar el viaje, no sé dónde se podrá aparcar…

Siempre que viajo en mi coche, la principal preocupación es donde aparcar. Normalmente lo hago en las afueras, cosa que en ciudades o pueblos pequeños no plantea problemas porque se puede ir caminando a cualquier sitio, pero Haro tiene 12.000 habitantes y las zonas donde aparcar gratuitamente no estaban muy claras en Google maps. Pero he tomado una referencia y espero que el Tomtom del coche me guie allí.

Haro se autodefine como la Capital del Rioja y debe ser así por la cantidad de bodegas que tiene. La carretera de entrada está bordeada de bodegas, algunas con fachadas muy aparatosas. El Tomtom del coche dirige al centro de la ciudad, en la parte antigua, y ahí empiezo a sufrir. Pierdo la referencia del aparcamiento y empiezo a brujulear por calles que desconozco, que no sé dónde me llevan.

Afortunadamente tengo un buen sentido de la orientación. Consigo salir del laberinto y localizo un polideportivo que tiene un gran aparcamiento, prácticamente vacío. Y libre. Como en ocasiones anteriores, aparco el coche y nos dirigimos andando al núcleo urbano, viendo la ciudad mientras la recorremos, buscando el restaurante donde tenemos la invitación para comer.

El centro de Haro es antiguo, con algún monumento, pero no monumental. Nos dio la impresión de que hay bastantes edificios abandonados, quizás porque la gente se ha trasladado a barrios más modernos y cómodos.

Buscando el restaurante encontramos una plaza amplia, con un quiosco de música en su centro, y con algunos bares con terrazas muy atractivas, con un edificio con aspecto de casa consistorial, que tenía en los soportales dos grandes pirámides formadas por cubas acostadas unas sobre otras“.

haro. la rioja.

Buscando el restaurante donde íbamos a comer encontramos una plaza amplia, con un quiosco de la música en su centro y con algunos bares con terrazas muy atractivas, con un edificio con aspecto de casa consistorial, que tenía en los soportales dos grandes pirámides formadas por cubas acostadas unas sobre otras. En las tapas que quedaban a la vista estaban los nombres de las bodegas del vino de Rioja. Al final, en plena zona de tapeo, localizamos, en una placita cercana a la plaza anterior, el restaurante en el que íbamos a comer, Los Caños, un sitio pequeño pero encantador, bien atendido y buena comida.

La experiencia fue muy agradable y llegamos a intercambiar recetas con la encargada, una chica muy maja que era pareja del cocinero.

Hicimos amistad con la dueña y nos comentó el secreto de la carne que comimos, hecha durante toda la noche. Tuvimos el privilegio de comer las últimas setas de la temporada, rebozuelos, y un postre inventado allí: un queso especial, de la zona, con dulce de leche y helado.

Después de comer, carretera y manta. El plan inicial era que después de comer iríamos a Nájera a ver una iglesia que una de las guías que nos había atendido anteriormente, nos había recomendado. Pero yo ya estaba harto de santos, vírgenes, retablos, etc. así que decidí volver a Madrid y dejar Nájera para otra ocasión. Esta vez, el tramo de la Rioja a Burgos lo hicimos por la autopista AP1, pasando por Pancorbo y luego la A1, todo seguido hasta Madrid.

La vuelta no tuvo nada reseñable y llegamos a casa sin problemas.

Fin de la excursión a la Rioja.

NOTA:

En el relato no me he detenido a contar detalles del interior de las iglesias y monasterios, ni su contenido, porque hubiera sido repetitivo y por lo tanto muy aburrido. En todas las iglesias y monasterios que hemos visitado se encuentran retablos, forjas de hierro, estatuas e imágenes, pinturas, sillerías, objetos litúrgicos, estatuas yacentes, etc. que son verdaderas maravillas, obras de arte increíbles. La policromía, los dorados, la filigrana, los detalles de la talla en madera, en piedra, en marfil, la expresividad de las imágenes, los detalles de su anatomía.

En todas las iglesias y monasterios que hemos visitado se encuentran retablos, forjas de hierro, estatuas e imágenes, pinturas, sillerías, objetos litúrgicos, estatuas yacentes…”

Yo no soy capaz de describirlas y creo que hay que verlas para apreciarlas en su justa medida. Lo que si nos ha trasmitido todo ese arte, además de su belleza, es que tiene un valor incalculable… y nos muestra el poder y riqueza que tuvo la iglesia para que se realizase.    

Las fotos son de: mario-la-pergola-nnc4iYP0O6U-unsplash, maria-hada-fpVdzrObhc0-unsplash.

Mil gracias.

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Last modified: febrero 13, 2026

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