ZonaCultura
The Beatles / Here Comes The Sun / Canciones / Años 60
En la primavera de 1969, George Harrison ya no podía más. Estaba cansado de las reuniones eternas, de firmar canciones a la sombra de Lennon y McCartney, de pertenecer a una banda que se caía a pedazos sin hacer ruido.
Un día se saltó una sesión en Abbey Road y se fue a casa de Eric Clapton. En el jardín, con una guitarra prestada, encontró —sin buscarla— una de las melodías más luminosas que se han escrito jamás.

Conviene detenerse en quién era Harrison para entender por qué esa fuga tenía tanto sentido. Dentro de los Beatles fue siempre el tercero: el más joven, el que entraba en el estudio con dos o tres canciones y salía con una, si acaso, colada en el disco.
Lennon y McCartney se repartían el protagonismo casi por costumbre, y a Harrison le tocaba pelear cada hueco. No era un rencor imaginado: él mismo contó que tuvo que traer a Clapton a grabar “While My Guitar Gently Weeps” porque sospechaba que, si no metía a alguien ajeno a la banda, sus propios compañeros no se iban a tomar la canción en serio.
Era el chico con talento al que nadie terminaba de escuchar del todo.
“Little darlin’
The smile’s returning to the faces
Little darlin’
It seems like years since it’s been here”George Harrison
La ironía llegó enseguida. Disuelto el grupo en 1970, Harrison no publicó un disco de sobras, sino un torrente: ‘All Things Must Pass‘, un triple álbum construido con canciones que llevaba años guardando en el cajón porque no cabían en el reparto de los Beatles. Ahí estaba ‘My Sweet Lord‘, número uno casi de inmediato. El que había sido el tercero resultó tener, calladamente, uno de los catálogos más sólidos de los cuatro. Un año después organizó el Concert for Bangladesh, el primer gran concierto benéfico de la historia del rock, mientras Lennon y McCartney seguían enzarzados en pleitos legales entre ellos.

Y luego estaba lo otro, lo menos comentado: la manera en que Harrison entendía el perdón. Su matrimonio con Pattie Boyd terminó, en parte, porque ella se enamoró de Clapton —el mismo amigo del jardín de Hurtwood Edge—, y aun así Harrison siguió tratándolo con cariño el resto de su vida; años después, Clapton fue padrino en su segunda boda. En 1999, un intruso entró en su casa de Friar Park y lo apuñaló varias veces; Harrison sobrevivió de milagro y, en vez de rabia, habló públicamente de compasión hacia su agresor, coherente con una espiritualidad —el hinduismo vaisnava, la amistad con Ravi Shankar— que llevaba cultivando desde los años sesenta y que muchos tomaron entonces por moda pasajera de un beatle rico y aburrido.
“I look at the world and I notice it’s turning
sigue siendo él: george.
While my guitar gently weeps
With every mistake we must surely be learning
Still my guitar gently weeps”
Con ese equipaje llegó al jardín de Clapton aquella mañana de 1969. No huía solo de una junta de negocios: huía de años sintiéndose de sobra en su propia banda. Y lo que trajo de vuelta no fue una queja, sino ‘Here Comes the Sun’, una canción que no habla de que el sol haya salido, sino de alguien que llevaba mucho tiempo sin verlo y decidió, de todos modos, imaginárselo.
Muy de otoño, ‘Here comes the sun’, aunque se esté yendo.
Las fotos son de WikiPedia.
beatles compartir georgeharrison herecomesthesun musica sol
Last modified: septiembre 4, 2026






