Written by 6:32 am ENTREVISTAS Views: 55

Juan Carlos Cambas: “La cultura viaja en los dedos de los emigrantes”

Tres décadas cruzando el Atlántico con las manos sobre el teclado. El pianista argentino-gallego habla de lo que queda cuando dos mundos se mezclan y ya no pueden separarse.

Sergio Sánchez

Hay músicos que tocan bien y músicos que además cuentan algo. Juan Carlos Cambas pertenece a ambos grupos, y eso —en un oficio donde la técnica suele eclipsar al relato— no es un detalle menor. Nos sentamos con él con la comodidad que dan los años de cercanía lejana. Madrid y Galicia.

ZonaCultura lleva mucho tiempo siguiéndole la pista: desde aquellos primeros discos en los que el folclore rioplatense cruzaba un océano cargado de gaitas y morriña, hasta los grandes proyectos de los últimos años en los que caben desde Mercedes Sosa hasta José Sacristán. Lo que más nos interesa de Cambas no es la envergadura de sus colaboraciones ni la lista de países que ha pisado como pianista de Dulce Pontes —veintiséis, ojo—, sino la pregunta que parece moverse por debajo de toda su obra: ¿qué le ocurre a la música cuando emigra?

Hay una respuesta fácil a esa pregunta, y Cambas nunca la da. La respuesta difícil —la que aparece en sus canciones, en su forma de enseñar piano o en esta conversación— tiene que ver con la porosidad de los géneros, con la memoria que viaja codificada en una cadencia y con la convicción de que toda tradición es, en el fondo, el resultado de un mestizaje anterior que ya nadie recuerda como tal.

Cambas lo sabe porque lo ha vivido dos veces: primero desde el otro lado, creciendo en Buenos Aires con apellidos gallego y asturiano y las canciones que olían a otra tierra; después desde este lado, llegando a Galicia con un piano lleno de pampas y descubriendo que el paisaje le resultaba extrañamente familiar.

Cuando habla, Cambas usa las manos casi tanto como la voz. No para el gesto vacío de quien necesita llenarse de aire, sino con la precisión de alguien que lleva décadas explicando música con el cuerpo. Esta conversación duró más de lo previsto. El café se enfrió dos veces.

ZonaCultura: Llevas treinta años de trayectoria musical uniendo dos mundos que, en el fondo, comparten mucha más sangre de la que parece. ¿Cómo se vive ese viaje de ida y vuelta constante entre Argentina y Galicia?

Juan Carlos Cambas: Para mí es, en realidad, la biografía de mi propia familia. Mi padre era asturiano y mi madre gallega; ellos emigraron a Argentina y, cincuenta años más tarde, por las vueltas que da la vida, me tocó a mí hacer el camino inverso y volar de regreso a la tierra de origen. En esa historia se refleja en la de miles de emigrantes a Sudamérica. Al Río de la Plata llegaron tres millones de españoles, de los cuales un millón eran gallegos. Todo ese crisol de culturas transformó por completo lo que ya existía allí. Cosas que hoy sentimos como profundamente argentinas nacieron en Europa. La palabra milonga, por ejemplo, deriva de la melos longa de origen lusitano (portuguesa), que significa melodía larga… Y eso casi lo aprendimos de ti y de los tuyos. Al volver a Galicia, los que hacemos este trayecto traemos esa cultura ya mixturada, ya mestiza, dispuestos a proponer una nueva transformación. No somos ni de aquí ni de allá del todo, y eso que podría vivirse como una pérdida, yo lo vivo como una riqueza. Eres un poco de los dos lados, y cuando tocas llevas todo eso en las manos sin ni siquiera pensarlo.

ZonaCultura: Esa idea de transformación continua, de géneros que se contaminan entre sí, ¿tiene una carretera concreta en tu música? ¿Hay un camino que puedas trazar entre Buenos Aires y Galicia sobre el pentagrama?

Juan Carlos Cambas: Más que una carretera, yo diría que son varias, y no todas están asfaltadas. Mucha de la música que hoy tomamos como “nuestra”, como argentina, llegó en los barcos desde Europa y se fusionó con expresiones musicales de los pueblos originarios argentinos, así nació por ejemplo, toda la música folklórica de la región pampeana: Milongas pampeanas, Cifras, Estilos, Triunfos, es toda música derivada de allí. En el centro y norte argentino donde no llegó la influencia de esas sucesivas inmigraciones, aún se conservan ritmos ancestrales de los pueblos originarios como los: Carnavalitos, Huaynos ó Vidalas. El “Tango argentino o rioplatense” es también música que entró por el Río de la Plata a Buenos Aires, y que fusiona el Tango andaluz, el Fado portugués, con el candombe africano, la habanera cubana, etc., creando una música que hoy identifica un lugar en el mundo: Argentina.

Así al “Tango” lo identificamos como “Folklore de la Ciudad de Buenos Aires” y al resto de nuestra música argentina de raíz folklórica la denominamos “Folklore”. Pero también la aportación de esos grandes poetas argentinos que enriquecieron potentemente esas melodías fue crucial, en el Tango: Enrique Santos Discépolo, Alfredo Lepera, Horacio Ferrer… y en el folklore: Atahualpa Yupanqui, Manuel J. Castilla, Armando Tejada Gómez… Las mismas “habaneras” que llegaron a Buenos Aires también hicieron puerto en Galicia con los marineros y hoy hay sociedades de habaneras en toda la costa. También si toco la “Muiñeira de Pontesampaio” entremezclo ese ritmo de “Muiñeira galega” con uno de “Chacarera argentina” y suena mi piano junto a la gaita, hay algo en el fraseo, en la respiración de la melodía, en la acentuación del ritmo que dice que no son tan distintas. Al final… la música no sabe de fronteras.

ZonaCultura: Y podrías seguir…

Juan Carlos Cambas: Claro. Hay una tercera vía, que es la más difícil de explicar pero quizás la más real: la del desarraigo. La morriña gallega y la nostalgia rioplatense son estados emocionales casi idénticos. El bandoneón y la gaita no se parecen en nada físicamente, pero los dos suenan a algo que se fue. Así el argentino Atahualpa Yupanqui escribió “El árbol que tu olvidaste” y la gallega Rosalía de Castro “Adiós ríos, adiós fontes” que musicalizó Amancio Prada, ambas canciones de despedida desde Argentina a Europa, y desde Galicia a Sudamérica.

Hay una tercera vía, que es la más difícil de explicar pero quizás la más real: la del desarraigo”.

ZonaCultura: “La morriña gallega y la nostalgia rioplatense son estados emocionales casi idénticos”. ¿Hay un momento concreto en que una melodía deja de pertenecer a un lugar y se convierte en otra cosa? ¿Cuándo pasa eso?

Juan Carlos Cambas: Los que cruzaron el océano sabían perfectamente que estaban cantando algo de otro sitio; la nostalgia lo mantenía intacto, casi congelado. Pero sus hijos ya lo cantaban sin esa conciencia, mezclándolo con lo que oían en la calle, en los bailes, en la radio, en el silbido del portero de casa. Ahí es cuando la melodía respira de verdad, cuando se convierte en algo nuevo. El tango no lo inventó nadie que se propusiera inventar el tango; lo inventó gente que mezclaba sin darse cuenta.

ZonaCultura: Pasos adelante…

Juan Carlos Cambas: Eso siempre. Sé de dónde vengo e intuyo donde voy. Aunque de muy chico empecé tocando música clásica en el conservatorio, luego adolescente descubrí un mundo maravilloso en el Folklore argentino y sudamericano y sus referentes, el Tango argentino, Piazzolla, para luego cruzar el charco y empaparme del entorno musical gallego-celta, y tener la posibilidad de viajar mucho acompañando a la cantora portuguesa Dulce Pontes, y encontrar músicas y músicos portugueses, africanos o griegos increíbles… hoy soy el resultado de todas esas vivencias personales y musicales. La música es un viaje infinito con muchos puertos por descubrir.

ZonaCultura: Un tópico agradable: si tuvieras que rescatar una sola canción de estos treinta años, ¿con cuál te quedarías?

Juan Carlos Cambas: Si tengo que elegir una que abarque todo este viaje vital esa es “Pilar y Juan”, que me escribieron Luis Landriscina y Jorge Fandermole para mi disco A VIAXE. Ese tema es la biografía mía y de mi familia, allí Landriscina y Fandermole resumen de dónde vengo y hacia dónde intento ir.

ZonaCultura: Al escucharte, da la sensación de que tu obsesión no es la ambición de los grandes escenarios, sino algo más primario: la pura necesidad de hacer, contar…

Juan Carlos Cambas: A mí me gusta estar siempre generando y desarrollando ideas y proyectos nuevos, de ahí pueden surgir grandes o pequeños escenarios, lo que tenga que ser será, pero me gusta estar siempre activo y atento, y como decís vos: la pura necesidad de hacer y contar cosas. Incluso cuando la salud me ha dado algún susto y pensando en que quizás mi vida podría acabar pronto, pensaba en todo lo que me quedaba por hacer, y esa necesidad de vivir me mantenía la cabeza ocupada y positivo. Por eso sigo siempre intentando hacer realidad mis utopías y colaborando con artistas que admiro. Son cosas pequeñitas, si querés, pero que son mi vida…

ZonaCultura: Todo ayuda, pues…

Juan Carlos Cambas: Depende de lo que incluya ese ‘todo’. Si pudiera elegir un estado ideal, sería el de un perfecto vago que no tiene que matarse a trabajar por obligación, sino que puede dedicarse a hacer solo lo que le gusta: tocar, compartir música con gente que admiro, viajar para dar conciertos o por ocio, hacer caravaning con mi furgoneta, compartir momentos con amigos, en definitiva habitar mi propio mundo paralelo. A mí, además de mi familia que lo es todo, lo que me hace feliz es esto: levantarme cada día sabiendo que hago lo que quiero hacer, al final de eso se trata la vida, de disfrutar el camino con intensidad y rodearse de afectos.

“Lo que me hace feliz es levantarme cada día sabiendo que hago lo que quiero hacer. De eso se trata la vida”.

ZonaCultura:Tus últimos dos discos reflejan esa inmensidad: años de trabajo, veintiséis países recorridos, Mercedes Sosa, José Sacristán, Héctor Alterio, Silvio Rodríguez, León Gieco… ¿Cómo se gestiona un proyecto así de forma completamente independiente?

Juan Carlos Cambas: Fueron diez años de trabajo que financié íntegramente con lo que ganaba mientras giraba como pianista de Dulce Pontes. Todo lo que ganaba lo invertía en estos discos, y para la edición final recurrí al micromecenazgo porque quería cuidar cada detalle: es una caja, a modo de esas viejas cajas donde guardamos recuerdos, que incluye un libreto de setenta páginas simulando un pasaporte como el de mi mamá cuando viajó a Argentina. Quería que el objeto en sí contara la historia antes de que el oyente pusiera el primer tema.

ZonaCultura: Al final, en ese proceso no solo se da, sino que se toma…

Juan Carlos Cambas: Desde luego. Ahí están, por ejemplo, las colaboraciones… Haber grabado con Mercedes Sosa al principio de mi carrera me abrió muchas puertas y me otorgó un prestigio que le agradeceré toda la vida. Pero yo nunca invito a un artista solo porque sea famoso; busco que haya una afinidad real con lo que quiero contar. A José Sacristán lo convoqué porque buscaba un actor español que los argentinos sintiéramos como propio, alguien cuya voz tuviera historia dentro, y acabó grabando un poema bellísimo de Suma Paz sobre lo que significa ser criollo, esa mezcla del pueblo originario con español. Últimamente también he lanzado singles con Teresa Parodi, que fue la primera ministra de Cultura de Argentina y una referente indiscutible, otro con la prestigiosa cantora galega María do Ceo, y también grabé un poema de Atahualpa Yupanqui con la voz de Héctor Alterio, que lo elegí porque es un actor argentino que para los españoles es como de ellos. Para mí la música consiste en eso, en juntar voluntades que compartan una misma verdad. El resto —la distribución, la promoción, el dinero— se resuelve solo cuando el núcleo es sólido.

ZonaCultura: “Quería que el objeto en sí contara la historia antes de que el oyente pusiera el primer tema. Setenta páginas simulando un pasaporte. Porque eso es lo que era: un pasaporte”. Mencionas la gestión cultural y es inevitable hablar del eterno debate: ¿debe el Estado financiar la cultura para que florezca, o debe la cultura demostrar primero su valía para recibir apoyo?

Juan Carlos Cambas: La cultura hay que apoyarla y financiarla siempre; el problema real es cómo se gestiona ese apoyo. A veces las estructuras institucionales, tanto aquí en Galicia como en Argentina, están viciadas. Los planes culturales, que deberían estar destinados a los artistas emergentes, terminan absorbidos por los grandes nombres consagrados que ya no necesitan esa ayuda para llenar auditorios. Se organizan muchísimos conciertos gratuitos de grandes estrellas que acostumbran al público a no valorar el coste de una entrada.

ZonaCultura: ¿Lo ves en todos sitios? ¿Es un problema político y no cultural?

Juan Carlos Cambas: Mira, te pongo un ejemplo. En países como los Países Bajos se paga la entrada aunque sea un precio simbólico porque se entiende que el trabajo artístico tiene un valor. No es solo una cuestión económica; es una cuestión de respeto. Cuando todo es gratis, el artista se vuelve invisible como trabajador. La gente ve el concierto pero no ve las horas de ensayo, los años de formación, el viaje en furgoneta a cuatrocientos kilómetros por trescientos euros. Si las administraciones públicas solo apuestan por lo gratuito y lo efímero, cierran las puertas a los creadores independientes o artistas emergentes que dependemos exclusivamente de la taquilla para sobrevivir. Es la pescadilla que se muerde la cola.

ZonaCultura: Frente a ese panorama tan complejo, mantienes un refugio muy particular en las clases de piano. ¿Cómo es tu día a día trabajando la música con los más jóvenes?

Juan Carlos Cambas: Yo estudié en el Conservatorio Nacional de Buenos Aires, si querías estudiar piano era el único camino, no había escuelas de música popular como hay ahora. Con seis años te sentaban en una clase de teoría con chicos de 15 o 16 años a hablarte de conceptos que no entendías. Los profesores de piano pertenecían a esa escuela rusa tan formal y rígida que se olvidaban que estaban tratando con un niño. Aprendías, sí, pero aprendías con miedo, y no me frustraron porque tenía muy claro mi amor por el piano. De ahí salían pianistas que eran máquinas con una técnica perfecta y ninguna personalidad.

ZonaCultura: Y esa dureza, ¿la tienes dentro o has intentado sacarla?

Juan Carlos Cambas: Fuera… En mis clases, mi filosofía es completamente distinta: lo primero que intento es que el niño toque, que experimente con el instrumento con sus dedos y sus sensaciones, y después ya iremos descubriendo cuánto dura una nota o qué significa un calderón. Cada alumno es un universo único y diverso. Trabajo con algunos chavales que tienen trastorno de atención o Asperger, y con cada uno hay que tejer un vínculo diferente. Tocamos bandas sonoras, música de videojuegos como Zelda o piezas clásicas de Bach o Beethoven. Se trata de adaptar el instrumento a sus necesidades y no al revés. Resumiendo, no quiero robots que sean técnicamente perfectos, quiero explotar su personalidad e intentar que el piano les devuelva todo el esfuerzo y empeño que ellos le ponen.

ZonaCultura: Si miramos al Juan Carlos de hace treinta años y al que se sienta hoy frente a la tecla, ¿cómo ha evolucionado tu propia mirada musical?

Juan Carlos Cambas: Nunca me gustó el conservatorio; me apasionaba el piano, pero no me gustaba la música clásica. Busqué respuestas en el jazz estudiando con Fernando Pugliese, pero tampoco encontré mi sitio, aunque él me pasó un cassette de Raúl Carnota y Suna Rocha y ahí descubrí lo que estaba buscando: todo un mundo nuevo por descubrir.

A partir de ese momento me acerqué a Raúl Carnota y Suna Rocha, y con ellos tocaba Rodolfo Sánchez en percusión y el pianista Eduardo Spinassi, quien sería más adelante mi Maestro, quien me enseñó a tocar folklore argentino. En mi primer disco “Solo luz” editado en 1997 están todos ellos como artistas invitados. Un sueño cumplido.

Nunca me gustó el conservatorio. Me apasionaba el piano, pero no me gustaba la música clásica

ZonaCultura: Encontrar lo que se busca casi sin llegar a saberlo…

Juan Carlos Cambas: A partir de ese disco pude estar cerca y grabar con mi gran referente que fue Mercedes Sosa, la gran voz y pensamiento de Latinoamérica, con ella aprendí a elegir y armar repertorio y a desarrollar mi personalidad como pianista. Luego vinieron otros no menos importantes: Suma Paz, Jaime Torres, Luis Landriscina, China Zorrilla, Eduardo Lagos, Jairo… con todos ellos grabé “Almas en el viento / Música Argentina de raíz” editado ya en España en 2007 reeditado en 2009 y remasterizado y editado en Argentina en 2017. Juntar a mis Referentes, otra utopía cumplida.

Superar ese disco fue complicado pero creo que lo logré con la edición de “A VIAXE” junto a 30 artistas invitados de Argentina, España y Portugal + Silvio Rodríguez de Cuba. Mi último CD “Camiño Aberto” junto a la cantora galega Rosa Leiro es un homenaje a Galicia, además publiqué varios singles como “Grazie Mille Maestro” del compositor Gonçal Perales en Homenaje a gran Ennio Morricone junto a la Orchestra Symphonic Bratislava (Eslovaquia). 

Me estoy dejando seducir por otras músicas, y eso puede que le sorprensa a alguna gente

ZonaCultura: Mucho trabajo, desde luego… Aunque lo mejor es que no dejaste de aprender. 

Juan Carlos Cambas: Viajar por muchos lugares del mundo me abrió mucho la cabeza a otras sonoridades que van más allá del folclore o Tango argentino. Actualmente estoy grabando el CD2 de mi proyecto “A VIAXE” que se llamará “EL VIAJE / Todos somos uno”, donde intento contar la universalidad de la música, ese lenguaje global que nos une, y que trasciende barreras lingüísticas para evocar respuestas emocionales que todos compartimos, y lo haré acompañado de artistas de muchos lugares y con bastantes temas inéditos.

En 1995 gané como solista instrumental el Festival de Baradero (Argentina) y eso me posibilitó sacar mi primer CD y cassette solista “Solo luz” en Enero de 1997, y para conmemorar esos 30 años de música estoy grabando por primera vez un disco solo instrumental (no habrá cantantes) que se llamará “Memoria 30” y donde sigo fiel a mi raíz pero también me permitiré la libertad de incursionar en temas inéditos de música irlandesa-celta, tradicional de la música vasca, temas del brasilero André Mehmari, del cubano Leo Brouwer, del portugués António Pinho Vargas o del israelí Yehezkel Raz, además de temas del Folklore Argentino como la Zamba “Alfonsina y el mar” a 2 pianos, y todo esto con grandes instrumentistas invitados.

En el proyecto que estoy preparando ahora para conmemorar mis treinta años de carrera sigo fiel a mi raíz, pero me estoy dejando seducir por otras músicas, y eso puede que le sorprenda a alguna gente.

Al final de la conversación, cuando ya hemos apagado la grabadora y el café lleva un rato frío sobre la mesa, Cambas se queda mirando hacia la ventana un momento, como si estuviera escuchando algo que los demás no oímos. Después dice una cosa que no habíamos preguntado pero que resume todo lo anterior mejor que cualquier respuesta planificada.

“Los que emigramos somos embajadores de nuestra propia cultura, pero ni la música ni la cultura son algo estático, por el contrario, están en constante transformación y movimiento, y son un manifiesto de identidad que viaja en los dedos del emigrante, y mientras vivamos y tengamos memoria se ramificará como un árbol en crecimiento constante y sin fronteras”.

Nos quedamos un momento más en silencio, escuchando a Bill Evans. No suena habitualmente, pero hay días de suerte. Y tiene razón, claro. Evans no crea el jazz. Y Cambas tiene razón, claro. Claro dos veces. Porque lo cuenta desde dentro. Y mientras recogemos las cosas y él se levanta para volver al piano —porque siempre vuelve al piano—, pensamos que treinta años puede ser mucho tiempo para dedicarle a una pregunta. Pero si la pregunta es buena, merece la pena no responderla del todo nunca.

Visited 55 times, 1 visit(s) today

Last modified: junio 10, 2026

Close