Gustavo Barral Hidalgo
El otro día estuvimos viendo aquellos vecinos del barrio que han ido consiguiendo sobrevivir en Madrid haciendo lo que podían. No siempre bien. No siempre lo mismo.
Hoy ponemos encima de la mesa a aquellos que, tras muchos años, siguen acercándose al centro de la ciudad a trabajar, como si fuera su oficina.
A veces, incluso, su empresa.
Con horario.
Todos esos, todos, llegan de siglos anteriores.
Imagínate a un tipo que nace con todo en contra. Su padre es barbero (un ladrón, qué demonios), su madre es sospechosa de brujería y su árbol genealógico tiene más nudos que un cable de auriculares de los que te daban en el tren cuando bajabas a Sevilla. Ese es Pablos de Segovia.
Pero hoy no estaba allí.

“Afligíme tanto con ver que no podía nombrar cosa a que él no hubiese hecho algún disparate, que cuando vi que llegábamos a Madrid, no cabía de contento, entendiendo que de vergüenza callaría”
‘La vida del Buscón’, ― Francisco de Quevedo
Nadie retrató mejor que él la esencia de la Puerta del Sol: ese lugar donde un hidalgo madrileño podía llevar la capa llena de remiendos y el estómago vacío, pero el bigote perfectamente trabajado y el orgullo por las nubes. Arriba, arriba.
Para Quevedo, Madrid no era solo una ciudad, era un escenario de pícaros y buscavidas donde las verdades se decían en las tabernas y las mentiras se escribían en el Palacio Real.
Por eso hoy llego al centro de Madrid y a quien veo es a él.
Con muchos disfraces.
Y con muchas fotos.
“Esto de enmendar costumbres es peligroso y violento“
otro día hablamos de góngora…
Acércate al centro de Madrid.
Probablemente estaré haciendo fotos por allí.
En alguna saldrás.
Y lo charlaremos por aquí.
En cualquier idioma, con muchos acentos, diferentes y geniales.










Gracias a: Gus!
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Last modified: febrero 20, 2026






