Borja Yagüe
Hay parejas en todos sitios. Los del piso de abajo, la pareja perfecta, incluso cuando discuten. Los del piso de arriba, la pareja imperfecta, incluso cuando bailan.
Y eso es lo que la sociedad cultural ha trabajado durante mucho tiempo.
Laurel y Hardy. Abbot y Costello. Tip y Coll. Faemino y Cansado (ánimo, Javier !!!). En toda pareja cómica debe haber un elemento de caos, disparatado, desatado que se lleva las risas.
El favorito de los niños.
El protagonista.
Y luego está “el otro”.
El payaso serio, el responsable, la figura de autoridad, el que se lleva el tartazo, el chivo expiatorio.
Filemón.
Pero es que “el uno” no funciona sin “el otro”.
Los niños soñamos con ser Mortadelos de nuestra vida. Que cuando seamos adultos nada nos afecte porque tenemos el disfraz perfecto para todo: si me atropella un coche tengo disfraz de muro y si me persigue un tigre el de cazador bengalí.
La realidad (¡maravillosa realidad!) es que somos Filemones en una buena parte de nuestra vida. Que debemos aprender a encajar los golpes con gracia y actuar en la siguiente viñeta como si no hubiera pasado nada y con un nuevo plan bajo el brazo para capturar al malo de la semana.
Sin Mortadelos, nos quedamos siempre en la mitad. Somos aburridos, tal vez. Insoportables, por volver a decir lo mismo en tantas ocasiones. Pero sin Filemones no estamos.
Los niños soñamos con ser Mortadelos de nuestra vida. Que cuando seamos adultos nada nos afecte porque tenemos el disfraz perfecto para todo

Sin Filemón… somos nadie. Gracias sr. F. Ibáñez Talavera.
Ibáñez. Con tilde en la ‘a’.
Abracen ustedes a ese ‘Filemón’ cercano… Y no le dejen escaparse.

Fotos de: silvana-carlos-ZtKIMl9oAxk-unsplash, harshit-mahabale-tkdqPQyMKTI-unsplash. Muchas gracias!
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Last modified: febrero 13, 2026







