Jorge Agra

Cine / Ciencia Ficción / Futuro / Series

John Williams haciendo música sobre el futuro con instrumentos de hace sigos. Genial.

Un sitio al que ibas a ver ideas locas, futuros improbables y escenarios que, en el fondo, tranquilizaban bastante. Porque eran eso… improbables. Veías ‘The Matrix’, ‘Blade Runner’ o incluso ‘Total Recall’ y salías con la sensación de haber visto algo interesante, pero lejano. Y ahí estaba la gracia. Había distancia.

El problema es que esa distancia, poco a poco, ha ido desapareciendo. No de golpe, no con un momento concreto, sino casi sin darnos cuenta. Un día estás viendo una película sobre predicción de comportamiento y, años después, te das cuenta de que no era tan exagerada… solo estaba adelantada.

Y ahí empieza lo interesante.

Hay un momento (no muy claro, pero bastante evidente cuando miras atrás) en el que empiezas a ver conexiones. No porque las películas se hayan cumplido tal cual, sino porque empiezan a encajar.

‘Minority Report’ no va de policías del futuro, va de anticipar lo que vas a hacer antes de que lo hagas. Her no es sobre una IA concreta, es sobre lo fácil que es generar un vínculo emocional cuando algo te entiende mejor que nadie. ‘The Truman Show’ no hablaba de televisión… hablaba de vivir expuesto sin darte cuenta.

Y cuando sigues tirando del hilo, hay más. ‘WALL-E’ no iba de robots, iba de lo cómodo que es dejar de hacer cosas. ‘Gattaca’ no era solo genética, era desigualdad disfrazada de progreso. ‘The Terminato’r no es Skynet… pero sí esa sensación de que algunas decisiones ya no las tomamos nosotros.

Y luego están las series, que juegan más a corto plazo: ‘Black Mirror’, que básicamente se ha convertido en un “ya lo vimos venir”. ‘Westworld’, que te deja con la duda de si somos tan impredecibles como creemos. Upload, que lleva al extremo algo que ya intuimos: que la identidad digital no desaparece.

Lo curioso no es que acierten, es que cada vez cuesta más verlos como exageraciones.

Si juntas todo esto, empiezan a aparecer ciertos patrones. La atención, por ejemplo. Antes podíamos sostener una historia larga. Ahora todo compite por segundos. No es que queramos menos, es que hay demasiado. La verdad también se ha vuelto… más flexible. No en el sentido filosófico, sino práctico: cuando todo puede generarse, lo importante deja de ser si es real y pasa a ser si parece creíble.

El poder, sin hacer ruido, se ha desplazado. Ya no siempre está en lo visible, sino en lo que decide qué vemos. Y la identidad… bueno, cada vez es más difícil decir dónde acaba una versión de nosotros y empieza otra. Nada de esto es dramático si sucede por separado. Pero junto… cambia bastante el contexto.

Quizá la ciencia ficción nunca fue tanto sobre el futuro. Era más bien sobre nosotros… puestos en otras condiciones. Y ahora que esas condiciones empiezan a parecerse un poco más a las de aquellas historias, igual tiene sentido volver a mirarlas. No para ver qué va a pasar. Sino para entender mejor lo que ya está pasando.

La foto de la portada es de cash-macanaya-XDFfAHlxw9I-unsplash. Gracias! La IA ha hecho dos dibujos…

Visited 48 times, 1 visit(s) today

Last modified: mayo 11, 2026

Close