Tacho Orero
Cuentos / Niños / Aventuras / Faro / Mar
Al acercarse más pudieron contemplarlo desde la base. Era alto, de color blanco y parecía estar pintado no hace mucho.
Seguramente el ayuntamiento lo mantenía, pues debía de ser una atracción para el pueblo.
En la parte superior, en la cúpula, se podía ver una superficie metálica cubierta por una cristalera desgastada por el tiempo, sobre una estructura de cemento y metal que había sido pintada en color rojo, que destacaba sobre el blanco.
Al acercarse más, vieron como una puerta pintada de verde oscuro, sobre la base del faro, se abría. Un hombre vestido con un mono de color azul salió.
Debía trabajar para el ayuntamiento haciendo el mantenimiento del Faro, porque tal como se indicaba en la puerta el acceso estaba restringido únicamente al personal autorizado. El operario cerró la puerta con llave y se marchó.
“Al acercarse más pudieron contemplarlo desde la base. Era alto, de color blanco, y parecía estar pintado no hace mucho”.
Erik comentó: “qué pena no poder ver el faro por dentro…”. Luna asintió con la cabeza mientras daba la vuelta a su alrededor de la mano de su prima Sara.
Al cabo de unos pocos minutos, de nuevo apareció el operario. Parecía ir con prisa, pues abrió la puerta rápido y la dejo entreabierta. Unos pocos instantes después volvió a salir con su teléfono móvil en la mano, moviendo la cabeza y diciéndose a sí mismo, en voz baja: “un día me voy a dejar la cabeza en el Faro y no me voy a dar cuenta…”.

Sin embargo, en esta ocasión, en vez de cerrar con llave la puerta, se limitó a cerrarla y salió con un paso apresurado. Debería estar llegando tarde a algún sitio. Y de nuevo se había olvidado de algo: ¡echar la llave a la puerta! Debía de ser una persona bastante despistada…
Cuando el operario se había marchado, Erik, que había estado observando toda la escena desde un lateral, le gritó a su hermana: “Luna, ¡ven!, ¡corre!”. Luna se apresuró en llegar hasta su hermano de la mano de Sara, y al llegar, Erik le dijo: “¿quieres ver el Faro por dentro?”.
Luna se quedó sorprendida al ver que Erik había abierto la puerta de acceso al faro con facilidad, pero le dijo: “Erik, ¡está prohibido el acceso!”. Erik la miró y dijo: “! ¡Venga! ¡Que será solo un momento!, y deben de ser una pasada las vistas desde arriba”.
“Luna se quedó sorprendida al ver que Erik había abierto la puerta de acceso al faro con facilidad”.
Luna asintió, y aunque seguía pensando que podría no ser buena idea, le pudo finalmente la curiosidad por lo que entró por la puerta dejando pasar primero a su prima pequeña, Sara, no sin dejar de sentir una extraña preocupación. Algo en su cabeza le decía que no era buena idea….
El interior estaba algo oscuro y más fresco que en el exterior, con un fuerte olor a humedad. Una larga escalera metálica en espiral ascendía por el centro, hasta llegar a la galería, donde se encontraba la sala de servicio del faro.
Ascendieron con cuidado por la escalera que crujía a cada paso que daban. Debía estar ahí desde antes del siglo XX y por tanto era muy vieja.
Al llegar al final de la escalera, accedieron a la sala de servicio, y en efecto la vista era impresionante. Desde ahí arriba se podía ver prácticamente todo el pueblo y también había una bonita vista del mar y de los acantilados.

Erik, en ese momento llamó la atención de Sara advirtiéndole: “ten mucho cuidado Sara no vayas a romper alguna de las piezas que son muy viejas”. Sara no hizo mucho caso a su primo y siguió toqueteando las palancas.
De pronto una fuerte vibración se empezó a sentir en toda la estructura. Al principio no parecía ser leve, pero a medida que fue aumentando hizo que Luna se preocupara.
Mirando a Erik, le preguntó: “¿qué es eso…? Erik no la respondió, aunque negó con la cabeza elevando un poco los hombros.

En ese momento, una luz blanca muy intensa los cegó, seguida de un fuerte estruendo agudo que les obligó a llevarse las manos a sus oídos para taparlos protegiéndose del intenso ruido que les producía mucho dolor.
“…seguida de un fuerte estruendo agudo que les obligó a llevarse las manos a sus oídos para taparlos…”
La luz se hizo aún más intensa y algo empezó a girar, aunque no podían ver con claridad de qué se trataba. El ruido y la luz eran tan intensos que se sentaron en el suelo cerrando los ojos con fuerza y sin quitarse las manos de los oídos. El tiempo que estuvieron sentados en esa posición les pareció una eternidad hasta que, súbitamente todo paró.
Erik fue el primero en abrir los ojos. Se quitó las manos de los oídos despacio para comprobar que el ruido se había desvanecido.
Observó a su alrededor y todo parecía igual. Sara y Luna aún seguían con los ojos cerrados y con las manos en los oídos. Sara se había acurrucado junto a su prima y tenía en su cabeza el pecho de Luna.
Erik preguntó: “¿estáis bien?”. Luna abrió los ojos despacio, quitó sus manos y miró a Erik, que repitió la pregunta: “¿estáis bien?”. Luna asintió con la cabeza y miró a Sara, que también se había quitado las manos de sus oídos y había abierto los ojos.
“¿Qué ha sido eso?”, preguntó Luna.
“No tengo la más remota idea… “, respondió Erik, levantando sus hombros.
Los tres se pusieron en pie, asustados y con la intención de bajar lo más rápido posible del Faro, con miedo.
Luna observó algo extraño: el cielo estaba más oscuro que antes, cuando entraron, y parecía como si estuvieran cerca del alba, lo cual era un poco extraño porque estaban en verano y los días eran largos.
Eso solo significaba una cosa y es que habían pasado mucho tiempo, quizá, ¿dormidos…? Pero si hubiera sido así, entonces sus padres estarían muy preocupados buscándolos… una vez más….
“Sus padres estarían muy preocupados, buscándolos… una vez más…”
Bajaron la escalera con cuidado de no caer porque al no haber mucha luz solar todo estaba bastante oscuro. Erik iba primero, seguido de su prima Sara y luego Luna.
Cuando estaban llegando al final de la escalera, Erik oyó un lamento que provenía del fondo. Al acercarse más, descubrió lo que parecía el cuerpo de un hombre, tirado sobre las escaleras.
Rápidamente se acercó, intentó levantarle y vio que se trataba de un anciano, el cual tenía un fuerte golpe en la cabeza y un hilo de sangre que le salía de la brecha que se había hecho. Debía de haberse caído por la escalera…
“Debía haberse caído por la escalera…”
Luna se acercó y rápidamente preguntó al hombre: “señor, ¿está usted bien?” El anciano gimió, pero no respondió ni una palabra. En seguida Erik dijo, ¡“! ¡Tenemos que pedir ayuda!”, pues había intentado levantarle, pero pesaba mucho. Dijo a su hermana, “vamos a buscar a Papá y Mamá, ¡ellos sabrán qué hacer!”.
Luna cogió de la mano a Sara y con Erik, juntos salieron del Faro por la puerta por la que habían entrado hacía un rato.

¡CONTINÚA LA SEMANA QUE VIENE!
Last modified: mayo 8, 2026






