Raquel del Pozo
Nos encontramos en la zona noroeste de Bélgica, justo en su frontera con Francia. Si trazamos una línea recta de 3km desde el mar hacia el interior, ¿qué hay? Pues, a parte de verdes pastos, hay dunas. Muchas dunas, dunas fósiles, móviles, fijas… de todo tipo. Dunas. ¿Lo esperabas? ¿Aquí? Mmm.
También nos toparemos con el consabido mojón, las banderas correspondientes a cada país, un árbol y un bar. Si. Un bar.
El bar está ubicado en el lado belga y es un claro exponente del surrealismo de este país. Es como si quisiera avisarte de lo que te vas a encontrar si sigues con tu incursión por el país de los gofres y los mejillones.




Au retour de la Chasse
¿Su nombre? Au retour de la Chasse, ¿en francés? Sí. Pero ¿son los dueños de habla francesa? No, aunque supongo que conocerán el idioma. El que ellos hablan y el que se escucha mayoritariamente, es un dialecto del flamenco, difícil de entender hasta para los flamencos nativos.
El lugar es bastante gracioso, tratando de encontrar la palabra perfecta. Incluso existe un vídeo en YouTube. Si eliges la opción de “subtítulos en castellano”, seguramente acabes entendiendo menos que si solo lo escuchas en versión original.
¿Su nombre? Au retour de la Chasse. ¿En francés? Sí. Pero ¿son los dueños de habla francesa? No.
Cosas curiosas en Bélgica
Podéis comprobarlo aquí, si os atrevéis:
¿Y por dentro?
¿Y cómo es? Pues su aspecto, por fuera, es indiscutiblemente normal, dentro del tipo de construcción y estética belga. Una casita de ladrillos de una sola planta, con techado de tejas y ventanas de tamaño considerable, para que la luz del sol se pueda colar. Varias jardineras y macetas le dan un ambiente agradable y familiar. En la puerta, suele haber aparcadas numerosas bicicletas, lo que nos puede dar la falsa imagen de típico bar de ciclistas. Pero solo hay que echar un ojo alrededor para darse cuenta que esto no es así. ¿Son bicis de fibra de carbono? o ¿están salpicadas de fango, tras haberse metido por alguna ruta embarrada? Y los parroquianos, ¿van enfundados en monos o culottes de ciclistas? ¿vienen de hacer su “tirada larga de domingo”?
Nada más lejos de la realidad. La mayoría de las bicis son eléctricas, algunas llevan ruedines de refuerzo, otras retrovisores en ambos lados del manillar… y los clientes van vestidos con ropa de calle, con ningún aspecto de ciclista o incluso deportista de cualquier disciplina. Y por supuesto: las bebidas que están tomando habría que flambearlas para que se parecieran a algo isotónico.
Pero como casi siempre, lo mejor está en el interior. No hay una tele que retrasmita partidos o programas matinales. Tampoco hay un hilo musical. Los dueños quieren que la gente hable entre ella. Y lo consiguen, porque lo normal es que todo el bar esté inmerso en la misma conversación, participando en ella todos los clientes y personal, se conozcan previamente o no.
Punto para los belgas
Echadle un vistazo a las paredes. Mirad, mirad. Echadle un vistazo a las cosas que consideran necesarias…
curiosas, desde luego
Lo que más llama la atención, y tal vez lo más característico de este bar, es la decoración de sus paredes o lo que imaginamos son sus paredes, porque no podemos verlas. En ellas conviven vírgenes, crucifijos, santos, fotos familiares y diplomas con calendarios, muchísimos calendarios. La mayoría son de mujeres, con poca o nada de ropa, bienvenido de vuelta, siglo XX, pero también hay de hombres, con los mismos problemas de ropa que las mujeres. Bienvenido, siglo XXI.

Hay calendarios de gatos, perros, pájaros, países, flores… Y todos actualizados en mes y año. El día uno de cada mes, como si de un ritual se tratara, se corta la hoja del mes finalizado para dar paso al siguiente y, si tienes la suerte de estar ahí, seguramente tengas que echar una mano, porque hay mucho trabajo.
Los calendarios de mujeres con poca o nada de ropa, por lo que sea, son los que tienen más fans y los primeros en cambiar de mes. Poco parece afectarles el gran cartel que reza “God Ziet Mij” (Dios Me Ve).
Calendarios viejos del año actual, de animales, de países, de flores, de seres humanos sin ropa. Es tomarse una caña en la Bélgica de 1958, mientras echa un vistazo a Francia. Por si acaso.
cañas y calendarios
Supongo que el día grande del bar es el 1 de enero, cuando tienen que renovar todos los calendarios y, seguramente, es el único día del año en el que se puede saber de qué color es la pared.
Si por casualidad estás pensando en ir, a parte del primer día del mes y nuevo año, otras festividades importantes en esta zona del mojón de la frontera son, el festival del espárrago, que este año será entre el 26 y 27 de abril y la fiesta del palo, el 15 de agosto, día dedicado al hito que marca en este punto la frontera entre Francia y Bélgica.
Eso sí, vayas cuando vayas, no olvides llevar un calendario a los dueños de este peculiar bar. Te lo agradecerán.
Las fotos son de: Raquel del Pozo, Foto de BENCE BOROS en Unsplash y de Benoit Stroobandt. Gracias!
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Last modified: febrero 13, 2026






