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El apartamento / Billy Wilder / Jack Kruschen / Vecino
Hay una puerta, en el pasillo de un edificio de Nueva York, que se abre siempre en el momento justo. Detrás de ella vive el doctor Dreyfuss, y detrás de esa puerta se libra, en silencio, una de las batallas más generosas del cine clásico.
Nadie recuerda su nombre completo. Y sin embargo, sin él, ‘El apartamento’ sería una historia distinta, más fría, quizá imposible de sostener.
“¿El espejo está roto?…
Sí, lo sé. Me gusta así.
Me hace ver como me siento”
Ya sabéis la historia. Y si no es así, por favor, vedla. Es probablemente la película más maravillosa de la historia. C.C. Baxter presta su piso a los jefes de la oficina para que tengan sus aventuras, y el doctor Dreyfuss, vecino de siempre, lo mira con la mezcla exacta de reproche y cariño que solo dan los años de convivencia. Cree que Baxter es un donjuán agotado, un hombre que se destruye noche tras noche con mujeres distintas. Le tantea el pulso, le aconseja moderación, le habla como un padre que ha perdido la paciencia pero no el afecto. Y se equivoca en el diagnóstico. Ahí está la primera lección del personaje: los vecinos construyen su propia versión de nosotros con los ruidos que se cuelan por la pared, y esa versión casi nunca coincide con la verdad, pero eso no la hace menos humana.

Después llega la noche en que todo se rompe. Fran Kubelik intenta quitarse la vida en ese mismo apartamento, y es Dreyfuss quien entra corriendo, quien la reanima, quien pasea con ella durante horas para que no se duerma, quien la salva sin hacer preguntas que no tocan.
No hay heroísmo de guion en ese gesto.
Hay oficio, hay urgencia, hay la profesión ejercida en pijama a las tres de la madrugada. Y hay, sobre todo, una discreción enorme: Dreyfuss no delata a Baxter, no lo juzga en voz alta, simplemente hace lo que hay que hacer y deja que la vergüenza y la gratitud se las apañen solas.

“Si te enamoras de un casado, no te pongas rímel“
Ese es el verdadero territorio de los personajes secundarios: sostienen la historia sin pedir que la cámara los recuerde. Wilder no le da al doctor un arco propio, ni una redención, ni un discurso final. Le da función, y con la función le da alma.
Porque el cine, como la vida, se llena de gente que entra en nuestra historia el tiempo justo para que no se derrumbe, y luego vuelve a su piso, a su rutina, a ser el vecino que regaña por las fiestas.
El actor, Jack Kruschen, estuvo nominado al Oscar como mejor actor de reparto y el mismo año que salió ‘El apartamento’ trabajó en otra película que nada tiene que ver: ‘La furia del planeta rojo’. Es genial que alguien pueda salvarle la vida a Shirley MacLean y al mundo entero después, el mismo año… Viva el cine.
Quién sabe cuántas películas de nuestra propia vida se sostienen gracias a alguien que ni siquiera aparece en los títulos de crédito que nosotros mismos escribimos…
Las fotos son de the-new-york-public-library-AzAFIJ4xWTE-unsplash. Gracias!
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Last modified: agosto 7, 2026






