Sandra Sánchez
Literatura / Series / Televisión / Poldark
Pensemos por un momento en un terrateniente del Cornualles del S.XVIII, un profesor universitario especialista en Dante y un multimillonario con gustos digamos un poco peculiares en lo que a relaciones de pareja se refiere.
¿Qué tienen en común?
Ross Poldark, Gabriel Emerson y Christian Grey pueden parecer muy diferentes entre sí, pero los tres pertenecen al mismo arquetipo: el macho alfa.
El hombre dominante.
Con cierta seguridad, en la vida real saldríamos corriendo ante ciertos comportamientos posesivos y arrebatos temperamentales.

Francamente, no querría ser azotada con un látigo como castigo, ni que un hombre fuera de sí se colara en mi casa a altas horas de la noche, destrozando puertas.
¿Por qué entonces suspiramos cuando leemos las historias de estos personajes o vemos las series/películas? Quizás nos conmueve ver a un Ross capaz de todo por evitar que el primer amor de su vida (Elizabeth), se case con su peor enemigo. Sentimos ganas de proteger a Gabriel y Christian por su vulnerabilidad, ya que ambos perdieron a sus madres y acabaron siendo adoptados. No tuvieron vidas fáciles. Ross es quizás el menos dañino en lo que respecta a la dominancia sobre las mujeres. Sería un macho alfa social.

El problema de Gabriel y Christian es más complejo. Hablamos de adicciones, comportamientos autodestructivos que les afectan a ellos y a su entorno. Y aquí es donde aparecen las salvadoras emocionales.
Demelza, Julianne y Anastasia.
Dispuestas a sanar traumas y redimir a sus hombres por estar seguras de ser las únicas capaces de entenderlos. Pero, paradójicamente, sin dejarse dominar y consiguiendo que sus límites sean respetados. Eso los vuelve locos. En la vida real, no soportaríamos los arrebatos de furia de Ross y Christian y las humillaciones de Gabriel.

Pero sabemos que al final todo termina bien. Ellos alcanzan la redención, llega la boda y son felices comiendo perdices. Nosotras estamos cómodamente sentadas en el sofá con nuestra mantita, comiendo palomitas o con la caja de pañuelos al lado.
Todo es pura adrenalina y drama, sin consecuencias pero sabemos que un hombre como ellos nos destrozaría. Física y psicológicamente. Nos sentimos a salvo y romantizamos la situación porque somos simplemente espectadoras.
Todo ese drama no nos está golpeando.
Nos fascina soñar con ser esas heroínas que se acaban imponiendo y haciéndose respetar, a pesar de su aparente inocencia. Lo queremos todo. Pero sin el desgaste y la tragedia que supone convivir con traumas infantiles y adicciones.
Con la seguridad de cerrar el libro y saber que hay salida.
Que podemos escapar.
Last modified: junio 23, 2026






