Escrito por Sergio Casquet

Quizá no se hayan enterado aún, pero Oxford no existe. O sea, sí, claro, todavía podemos visitar la Bodleian o tomarnos una pinta en Eagle and Child. Incluso calarnos un canotier y alquilar una barca para hacer el memo por sus canales. Pero aquel Oxford que, por ejemplo, encontramos en los versos de W.H Auden — “where a cigarette comforts the guily and a kiss the weak”—, es solo una fantasmagoría. Hagamos trampas: a menudo se nos antoja más real lo imaginado, de la misma forma que lo que no ha pasado puede tener más peso que lo acontecido.

Por eso, cuando vemos Endeavour, estamos viendo en realidad ese Oxford que es solo nuestro. Por si no la conocen, se trata de una serie policíaca, basada en las meritorias novelas de Colin Dexter, cuya acción transcurre entre los años sesenta y setenta del siglo pasado. Una década en la que en Reino Unido, de hecho, pasaron varios siglos. Pero ya les aviso: no esperen nada espectacular.

Cada capítulo, que dura una hora y media, incluye un par de cadáveres, algunos guiños bastante culturetas y dos o tres visitas al pub. También preparan mucho té. Sale un forense que gasta parajita y tira de ironía, se da algún romance con alguna chica guapa que acaba mal —o ni siquiera empieza: esos son los inolvidables— y suena frecuentemente el kirieleisón del Réquiem de Mozart.

Hagamos trampas: a menudo se nos antoja más real lo imaginado, de la misma forma que lo que no ha pasado puede tener más peso que lo acontecido

Hay días en que cae la lluvia y otros en los que luce el sol, como en los poemas de Philip Larkin. Incluso la relación paternal entre los dos protagonistas, el detective Morse y el Inspector Thursday, nada tiene de nueva, aunque se agradece el pudor con que se trata, tal vez incomprensible en nuestros días.

La serie sólo busca entretener, sin necesidad de grandes discursos con los que salvar el mundo, así que seguramente les decepcione. Los actores son estupendos y los guiones magníficos, pero eso es poca cosa. Lo más importante es que aparece Oxford, casi calle por calle. Por eso también nos gusta Endeavour. Porque Oxford, como ya les he avisado, no existe, pero, si nos esforzamos, al ver esta serie aún podemos viajar hasta sus jardines o sus claustros y entender que “over the talkative city like any other / Weep the non-attached angels”. Qué más se puede pedir. 

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Last modified: febrero 16, 2026

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