Sergio Sánchez

Primavera / Espárragos / Acelgas / Guisantes / Sol

Si lo dice Billie, hay que ir a París este mes

Ha nevado. Ha hecho mucho frío, el que veíamos, sin la claridad necesaria, desde la ventana. No podíamos poner la calefacción con tranquilidad, porque en el Mundo actual nos llevamos regular y no compartimos. Solo cobramos. Ni la malaventura, la compartimos.

Pero llegan otras épocas del año, más para todos.

La primavera no es solo un cambio de estación, es el suspiro de alivio de la Tierra. Cuando la luz comienza a ganarle terreno a la sombra, el mundo se sacude el letargo y la vida se vuelve urgente, colorida y descaradamente alegre.

Para el ser humano, este renacer supone una reconexión con lo esencial: la claridad mental que trae el sol y la promesa de que todo lo que estaba dormido tiene permiso para florecer de nuevo. Es un estado de ánimo colectivo donde el optimismo se vuelve tangible en cada brote verde, recordándonos que somos parte de ese ciclo vibrante que siempre busca la luz.

“Con huerta y verdura, alejas la sepultura”,

decía mi abuelo.

Los guisantes: perlas de nostalgia y luz

Los guisantes, originarios del Próximo Oriente, son las joyas de la corona de la primavera. Nos llaman la atención por su redondez perfecta y ese verde vibrante que parece contener toda la energía del sol naciente. ¿A alguien le queda bien el verde? A ellas.

Nos recuerdan que el frío ha quedado atrás; su dulzor es el de las tardes que se alargan y el de la infancia desmenuzando vainas en la cocina. Son pequeñas cápsulas de tiempo que, al estallar en la boca, nos devuelven esa sensación de claridad y ligereza que asociamos con la felicidad más pura.

Receta: Guisantes “Al Punto de Rocío”

  • Saltea brevemente unos trocitos de cebolleta tierna en aceite de oliva virgen extra.

  • Añade los guisantes frescos (recién desvainados) y saltéalos apenas 3 o 4 minutos a fuego alegre.

  • Termina con unas gotas de zumo de limón, ralladura de lima y unas hojas de menta fresca picada. El resultado es un bocado eléctrico, dulce y profundamente primaveral.

La acelga: la fuerza que rompe la Tierra

Imagina que eres una pequeña célula vibrando en el centro de una semilla. Estás rodeada de tierra húmeda, granos de arena y la sombra de las flores que duermen a tu lado. Huele bien, pero aún da algo de miedo.

Pero sientes una llamada. Eres tan fuerte que empujas contra el peso del prado, estirando tus fibras hacia el calor. Al salir, te expandes en grandes hojas rizadas, de un verde intenso y brillante. Eres una acelga: la elegancia hecha verdura. Vienes de las costas del Mediterráneo, donde aprendiste a resistir y a brillar, recordándonos que la vida es cambio y que crecer es una aventura divertida y luminosa.

Receta: Acelgas Crujientes con Toque de Frutos Secos

  • Separa las pencas (la parte blanca) de las hojas verdes. Corta las pencas en tiras finas y las hojas en juliana ancha.
  • Saltea las pencas en una sartén con un poco de ajo laminado durante 2 minutos.
  • Añade las hojas verdes y saltea solo 1 minuto más, hasta que colapsen ligeramente pero mantengan su color neón.
  • Espolvorea piñones tostados y un toque de sal en escamas. Sabrán a tierra limpia, a huerto vivo y a esa fuerza indomable de la semilla que busca el sol.

Los espárragos: los influencers del campo

Los espárragos trigueros y cultivados son los verdaderos centinelas de la primavera. Originarios de Mesopotamia y Egipto, donde ya se consideraban un manjar sagrado, nos llaman la atención por su figura estilizada y recta, como lanzas que apuntan directamente al cielo. Nos recuerdan que la vida emerge de la tierra con decisión y elegancia. Su sabor es pura primavera: fresco, con un toque amargo que limpia el paladar y el cuerpo del invierno, evocando la pureza de un paseo temprano por el campo, cuando el sol empieza a calentar la tierra.

Receta: espárragos “Saltarines” a la Plancha

  • Lava los espárragos y rompe el extremo leñoso (la parte de abajo) simplemente doblándolos hasta que casquen de forma natural.
  • Calienta una plancha o sartén grande con un hilo de aceite de oliva.
  • Cocina los espárragos enteros, dándoles la vuelta de vez en cuando, durante solo 4 o 5 minutos. Deben quedar dorados por fuera y perfectamente tersos y crujientes por dentro (deben “saltar” un poco en la boca).
  • Sírvelos inmediatamente con sal maldon y, si te atreves, un huevo poché encima. El encuentro del calor del espárrago y la yema líquida es el desayuno (o cena) más feliz de la temporada.

¡A comer y a vivir!

Las fotos son de olivie-strauss-7Hl3f5iPKKY-unsplash, anna-kharkivska-FCXIf_FCN9E-unsplash, zoe-richardson–jm7_Rw0SFg-unsplash, olivie-strauss-771hKZLVzwc-unsplash. ¡Muchas gracias!

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Last modified: abril 6, 2026

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