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Dos perros, dos estatuas

En cuanto entréis en el artículo, podréis escuchar ‘Martha, my dear’, de The Beatles. El perro de Paul. Los animales y la cultura…

Sandra Sánchez

Oviedo / Madrid / Asturias / Viajar / Turismo

Una canción de Paul sobre su perro…

Si algo tienen en común Oviedo y Madrid, son las estatuas. Y precisamente para hablar de dos de ellas escribo este artículo. 

Decía Miguel Ángel que “la estatua ya existe dentro del mármol. Solo hay que quitar lo que sobra“. En el caso que vamos a comentar, tal vez la historia también estaba.

Y hablábamos: ¿quién iba a pensar que dos ciudades serían tan “dog friendly” y sus habitantes tan adecuados como para adoptar a dos pequeños peludos que vivían en sus calles?

“La escultura es el arte de la inteligencia”.

Auguste Rodin

Empecemos desde arriba. El primero, Rufo. Rufo era un cruce de Mastín con Pastor Alemán.

Segundo. Paco. Los orígenes de Paco eran totalmente desconocidos, aunque se pensaba que podría tener algo similar a un Terranova.

Paco fue un perro callejero de color negro que en el Madrid de 1881 se convirtió en una auténtica celebridad. Sin dueño ni collar, se coló en los cafés de tertulia más elegantes de la ciudad, asistió a teatros, paseó por El Retiro con caballeros de sociedad y cogía, él solo, el tranvía para ir a los toros.

Los periódicos lo elevaron a leyenda, le dedicaron canciones y hasta el rey Alfonso XII escribió unas supuestas memorias suyas. Murió de una estocada que le propinó un novillero enfurecido por sus ladridos en la plaza, y Madrid lo lloró como a uno de los suyos. Hoy tiene una estatua de bronce en el Barrio de las Letras…

En el caso de Rufo, hablamos de un cruce de mastín y pastor alemán que apareció como cachorro en el Campo de San Francisco de Oviedo en 1988, tras una pelea con otro perro que lo dejó en cuarentena y, sin quererlo, lo catapultó a la fama.

Nadie lo adoptó porque nadie pudo: Rufo rechazaba las casas y siempre volvía a la calle. Así que la ciudad entera decidió ser su dueña: los vecinos le daban comida y caricias, le abrían los portales en las noches frías, y el Ayuntamiento se encargaba de sus vacunas y sus baños.

Fue a los partidos del Oviedo, apareció en el retrato oficial del primer Gobierno regional y saludó al alcalde en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Oviedo lo quiso con esa mezcla asturiana de discreción y lealtad. En 2015 le inauguraron una estatua en la calle Doctor Casal.

Lo que está totalmente claro es que ambos carecían de pedigrí y dueño, y que nunca les faltó alguien que cuidara de ellos.

Con el tiempo, llegaron a ser respectivamente “El perro de Oviedo y Madrid” y tenían una vida social muy activa (quién sabe si alguno no ejercía ya de influencer) colándose en eventos importantes como los Premios Príncipe de Asturias y asistiendo a corridas de toros y tertulias intelectuales en los viejos cafés madrileños.

Estas dos pequeñas celebridades han dejado su recuerdo en dos estatuas realizadas en bronce por la escultora Sara Iglesias Poli y el escultor Rodrigo Romero.

Es cuánto menos intrigante imaginar las cosas que podrían haber contado estos amigos caninos si hubieran podido hablar…

Si duda, vidas fascinantes llenas de experiencias de todo tipo, dignas de novela y además de una de las buenas.

Porque en mi humilde opinión, ya lo dijeron los periódicos de la época, Paco tenía alma de escritor. 

Sin duda.

Las fotos son de fabian-gieske-cbIKeuURaq8-unsplash, mariest-Sy69Y8oA0zk-unsplash. Gracias!

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Last modified: junio 8, 2026

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