Sergio Sánchez

Hace algún tiempo, el año pasado, los camaradas de El Jueves montaron un especial sobre el mundo del cómic. Super divertido, como siempre, con muchísimas cosas para contar qué llegó y por qué llegó. Desde aquellas primeras páginas de Rodolphe Töpffer (con Dominguín y TBO en nuestro país unos años después) hasta poder leer ahora historias para adultos de cualquier parte del mundo.

Ya os lo conté en alguna ocasión. Mis abuelos fueron los que, desde la portería y la oficina, consiguieron que me enamorase de los cómics. Me traían muchos, algunos de sus vecinos, y los leía por la noche con la luz que salía del Casio (ahora lo llaman Casio Retro…) que me habían regalado en la Comunión. Y soñaba despierto.

Zipi y Zape, Mortadelo, 13 Rue del Percebe, Astérix y Obélix, Tintín… Todo eso me acompaña aún a día de hoy. Y comenzaron a llegar algunos correos de Marvel. Los primeros que tocaron fueron los de Spiderman. Stan Lee los había creado hacía ya unos cuantos años (1962 en concreto), pero el primero que llegó a las manos de un chaval orgulloso fue aquel en el que se pegaba con Electro.

No recuerdo el título concreto, pero recuerdo que se lo quedó un amigo del colegio que, 30 años después, me sigue diciendo que a ver si me lo devuelve. Cosas.

Marvel ha estado de moda…

Supongo que es una cuestión lógica: creo cómics hace muchos años, me invento esos maravillosos superhéroes (desde Supermán hasta Batman, desde Hulk hasta Lobezno; desde DC hasta Marvel), los traslado a series de TV, los convierto en grandes películas (ahora que Marvel pertenece a Disney, algo que muchos no terminamos de entender) y voy viendo cómo crecen, se reproducen y mueren. Cosas.

De igual manera, a lo que quería llegar, esta noche he estado viendo Los Vengadores con Nachete. Mi hijo. 8 años. Ha terminado cansado, algo dudoso sobre si le había gustado o no la película, enamorado de la excesiva actividad rítmica de los protagonistas, sin entender del todo el motivo por el cual esos tipos tenían tantos poderes… Y me ha preguntado algo que, tal vez, sea generacional: “Papá… los buenos, ¿nunca son malos?”.

‘Y después de ver Los Vengadores con él, llega la duda de un niño de 8 años: Papá, ¿los buenos nunca son malos?’

Recuerdo que el primer cuaderno en el que escribí más de 2 o 3 hojas llevaba una pegatina de Spiderman.

Recuerdo que cuando terminé de leer el primer cómic de Zipi y Zape, los pre Bart Simpson, le dije a mi abuelo ‘Albricias y Zapatetas’. Y se rio. Recuerdo que la primera vez que estuve en Nueva York quise ver Gotham por la noche. Y recordaba con cierto rigor cinéfilo, más allá de lo que pudiera haberme gustado, que las películas que Marvel ha hecho junto a Disney eran decentes, pero un poco aburridas. Pero hoy he visto algo nuevo. Al enano tratando de entender por qué la gente se pega. Y por qué hay gente que intenta solucionarlo pegando. Cosas.

Y una última cosa: si tuviera que elegir entre aquellos cómics que me han acompañado media vida, probablemente me quedaría con Calvin y Hobbes, de Bill Watterson. Calvin, con su querido amigo imaginario, es una de las cosas más divertidas y especiales que se ha cruzado conmigo en toda la vida. Lo leeré, de nuevo, mañana.

Si puedes encontrar incluso una persona que realmente te guste, estás afortunado. Y si esa persona también te soporta, eres muy afortunado

 Calvin y Hobbes

Las fotografías son de: pankaj-shah-bBLLCwCRaUo-unsplash, alejandro-cartagena-d-L9alzyqkM-unsplash, erik-mclean-8SeJUmfahu0-unsplash. Muchas gracias!

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Last modified: agosto 29, 2025

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