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Hace tiempo estuvimos comentando con ChatGPT su punto de vista sobre la música actual y, claro, sobre el reggaetón.
Y por eso nos hemos sentado con Valerio Marchesiello y con Jorge Agra. Para comentarlo. Para entenderlo. Para reír. Para llorar… Lo que sea.
Y partiendo de qué es, como nos comentan en Santander Music: “el reggaeton o reguetón es un género musical cuyos orígenes se remontan a la década de 1990 en países de América Latina como Puerto Rico o Panamá. Es un género de habla hispana centrado en las manifestaciones culturales relacionadas con el baile, la noche y el ocio, y deriva de otros géneros musicales como el reggae, el hip hop, el dancehall y los ritmos caribeños. Aunque el reggaeton comenzó siendo un género minoritario dentro de la esfera underground latinoamericana, actualmente es uno de los géneros más escuchados en todo el mundo, siendo competidor directo con la industria mainstream de Estados Unidos. Se caracteriza, fundamentalmente, por su ritmo dembow y sus letras desenfadadas y explícitas sobre sexo, drogas y violencia. A día de hoy, es común encontrar reggaeton fusionado con otros géneros de pop urbano como el trap, el rap, el drill y el pop latino”.
SERGIO: A ver. Vamos a por ello. El otro día ChatGPT nos hablaba de la evolución musical, casi cultural, de nuestro planeta. Y hablaba del reggaetón. Ale.
JORGE: No lo entiendo. No me atrae especialmente, no me parece buena música, peeeero… tiene algo. Es pegadiza. Además, si conecta con tanta gente, algo tendrá. Al final refleja la sociedad en la que vivimos: ritmo fácil, letras directas y ganas de desconectar. Es un poco como ver un reality.
VALERIO: Muy buen resumen, pero quizá haya más. Me explico: sí, las letras suelen ser sencillas, pero creo que hay un trasfondo cultural más interesante, porque habla de roles y de relaciones entre hombres y mujeres, de cortejo… Es cierto que muchas canciones giran en torno al sexo, con palabras y dobles sentidos, o no, muy explícitos. Basta escuchar a lo último de Karol G, no puede haber contenido más claro. Pero es un tema cultural. Hace poco leía que el reggaetón tiene raíces más profundas de lo que parece, y que trascendía lo que fue en su día. Daddy Yankee y su “Gasolina” ya marcaron una época hace 25 años.
“No lo entiendo. No me atrae especialmente, no me parece buena música, peeeero… tiene algo. Es pegadiza”.
Jorge Agra
VALERIO (II): Más allá de la evolución o la simplificación del género, creo que nació como una forma de expresión y comunicación muy propia, con códigos que el público latino entendía y compartía. Y al cruzar el océano se transformó, quizá simplificándose. Sería genial que alguien experto nos explicara sus raíces a nivel de baile y cultura: por qué nació y qué necesidad o tensión social estaban ‘resolviendo’.
JORGE: ¿Y tu punto de vista personal?
VALERIO: A mí, sinceramente, no me gusta. No lo escucho. Pero cuando estás con una copa en la mano y suena, es difícil no moverte. Aunque no te guste, el cuerpo reacciona solo. Ahí entra su poder: melodías simples, universales, que se convierten casi en el “internet del baile”. Es un lenguaje común hecho de ritmo, guiños y movimiento.
JORGE: A mí me cuesta entenderlo. Eso sí, tiene una fórmula tan efectiva que se mete en la cabeza con facilidad. Es básico, sí, pero tremendamente “funcional”.
JORGE (II): Es verdad que dentro de la música latina hay géneros que, en mi opinión, transmiten mucho más, como el merengue, la salsa o la bachata, pero el reggaetón ha sabido conectar de otra forma. Artistas como Bad Bunny han llevado el género a otros terrenos, mezclando estilos y ampliando su narrativa.
En casa, la verdad, no se escucha. Pero entiendo que para las nuevas generaciones es un lenguaje natural. Tiene sentido. El idioma común también lo potencia, igual que el baile. Quizá sea una cuestión generacional, o quizá la música esté viviendo un momento más plano a nivel creativo.
Vivimos una época en la que todo se hace rápido, donde la tecnología facilita pero también simplifica. Por eso triunfa el reggaetón: porque responde a una cultura de inmediatez y consumo rápido. Pero también hay que reconocer que, en medio del ruido, sigue habiendo talento y propuestas potentes.
Si tuviera que resumirlo: musicalmente me parece muy pobre, pero ha conseguido conectar con una generación, y eso tiene mérito.


SEGUIMOS
VALERIO: 100% contigo, Jorge. No llegamos a entenderlo del todo, pero hay puntos muy interesantes.
Por un lado, el auge de la música latina en general, que vive su mejor momento. Artistas latinos arrasan en el mercado global, incluso en Estados Unidos. Lo vemos en que Karol G cante para el Papa o Bad Bunny en la SuperBowl.
Por otro lado, ese horizonte creativo tan corto del que hablas es real. La música refleja esa crisis cultural y artística. Nos gana la inmediatez, el consumo masivo. Quizá vivimos el final de una era donde la música mainstream tenía más profundidad. Y sí, siempre habrá quien diga que “la música de ahora es peor”, pero en este caso… algo de eso hay. El abuso del autotune o los ritmos facilones lo demuestran. Por otro lado, también es cierto que ahora casi no eliges exactamente qué escuchar, o al menos qué temas en concreto, te enchufas una playlist de lo que te gusta, y listo.
SERGIO: Bajo mi punto de vista, lo que ha cambiado radicalmente son los motivos culturales. La gente que adora el reggaetón dice que representa muy bien lo que vivimos hoy, que tiene su lectura social. Si comparas con el hip hop o el rap de los 90, la diferencia está en el propósito: aquellas canciones denunciaban o reflexionaban sobre su entorno; el reggaetón actual, en cambio, se centra más en la evasión y la celebración.
JORGE: Sí, y desde Europa lo vemos distinto. Probablemente para el público latino tiene un sentido y una energía que nosotros no entendemos igual. Hay expresiones, palabras y formas de contar que nacen de su realidad, y que luego se globalizan.

SERGIO: Claro, pero el punto es que las grandes compañías musicales occidentales han multiplicado el fenómeno y lo han convertido en tendencia global. Y eso tiene un impacto cultural.
El otro día hablaba con un amigo de 32 años, abogado, muy brillante, que va a opositar a juez. No conocía a R.E.M., ni a Serrat, ni a Radiohead, pero se compró entradas para ver a Bad Bunny. Cada una, 95 euros. Y pensé: yo sí conozco a Bad Bunny o a Karol G, pero él no conoce a los grandes referentes de hace 20 años. Eso dice mucho del cambio de códigos culturales.
VALERIO: Claro, porque ahora la cultura está ligada a la moda y al entretenimiento. Lo que importa es sentirse parte del momento. Y por eso los mensajes más críticos o reflexivos no calan: a la mayoría le da igual, se queda con el ritmo, la actitud y la inercia del grupo. La famosa homogeneización cultural, donde todos queremos sentirnos diferentes y en realidad acabamos haciendo y consumiendo prácticamente lo mismo, o casi…
SERGIO: Exacto. Es mercadotecnia pura. El sistema reproduce lo que vende. Y lo curioso es que, pudiendo elegir entre miles de sonidos, triunfa el más simple. Eso tiene un porqué social.
JORGE: Totalmente. Al final la rueda gira muy rápido, y lo difícil es salirse de ella. Pero estoy de acuerdo en que hace falta una revolución de ideas. Todo lo que vemos, en la música, en la política, en la cultura, refleja quiénes somos o en quien nos hemos convertido. Y quizá hemos perdido un poco el valor de la curiosidad y la imaginación.
SERGIO: Pues habrá que intentarlo. Aunque sea desde nuestra pequeña choza, hay que seguir dando la batalla.

JORGE: Y ojalá provocar un “despertar”. Cambiar la energía. Que la gente quiera volver a descubrir, a escuchar cosas con más alma.
SERGIO: Exacto. Que tengan ganas de descubrir a Duke Ellington en lugar de a Bad Bunny. O no. Pero que sepan que existen las dos cosas. Y eso se consigue trabajando: escribiendo, compartiendo, inspirando.
VALERIO: Y siendo conscientes de que el consumo cultural ha cambiado. Todo es inmediato, superficial, fácil. Antes necesitabas a alguien que te guiara hacia lo que valía la pena. Ahora, con tanto acceso, eliges lo que eligen todos. Antes, pedías recomendaciones a tu hermano mayor, a tus colegas, o te picaba algún grupo oído en la radio o visto en algún programa TV, ahora es todo más fluido, más rápido pero también mas impersonal. Y Duke Ellington no está reñido con Bad Bunny, la cuestión es no darle una oportunidad al primero.
SERGIO: Sí, y precisamente por eso hay que seguir proponiendo alternativas. Si le das a un niño la opción de leer a Mortadelo y Filemón, quizá le acabe gustando. Pero si no se lo propones, nunca lo descubrirá. Y ahí está la clave: ofrecer más opciones, para que haya más curiosidad, más pensamiento crítico y más cultura.
¿Os atrevéis?
Por cierto…
Las fotos son de: samos-box-mXVA-m97kYo-unsplash, zixi-zhou-zq08xWkBgsI-unsplash, jonathan-borba-gH0nbs_doq8-unsplash, warren-weir-aojgRdI9TmY-unsplash, sudhith-xavier-IUn1O500LMI-unsplash. Mil gracias!
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Last modified: noviembre 5, 2025






