Sergio Sánchez
Música / Italia / Gravedad permanente / Músico / Franco Batiatto / Sicilia
Así funciona ‘Centro di gravità permanente‘.
No te avisa.
Aparece un día en algún altavoz ajeno, en el fondo de una película que no buscabas, en los labios de alguien que tararea sin darse cuenta en el metro, y de repente llevas años sin escucharla pero la reconoces entera. Como si siempre hubiera estado ahí, esperando el momento exacto.
Así me pasó. Así lo sigo viviendo.
Por eso lo contamos aquí.
Franco Battiato la publicó en 1981, dentro de ‘La voce del padrone’, el primer disco en la historia de la canción italiana en superar el millón de copias vendidas. Pero el éxito comercial es lo de menos. Lo que importa es la pregunta que lleva dentro, esa que Battiato lanza al aire con una ligereza desconcertante:
“Cerco un centro di gravità permanente /
che non mi faccia mai cambiare idea /
sulle cose, sulla gente.”
(Busco un centro de gravedad permanente que nunca me haga cambiar de idea sobre las cosas, sobre la gente. Over and over again).
Qué gozada.
La canción es rara porque no sabe lo que es.
Ella.
Empieza describiendo a una anciana bretona con paraguas de papel de arroz y caña de bambú. Luego aparecen capitanes valientes, contrabandistas macedonios, jesuitas vestidos de bonzos infiltrándose en la corte de la dinastía Ming.
No hay hilo conductor aparente. Al menos eso parece.
Solo imágenes que flotan, postales de un viajero que ha visto muchas cosas y que, precisamente por eso, ya no sabe a qué aferrarse.
“Il mio maestro mi insegnò com’è difficile trovare l’alba dentro l’imbrunire”
una de sus gloriosas frases.
(Mi maestro me enseñó lo difícil que es encontrar el amanecer dentro del anochecer)
Battiato tomó prestado el concepto de Gurdjieff, el pensador armenio que hablaba de la necesidad de un centro interno que no se moviese con los vaivenes del mundo exterior. Pero Battiato lo convirtió en algo más accesible, más humano, más doloroso: la confesión de alguien que siente que sus opiniones cambian según el viento, que sus certezas se quedan diluidas, que depende a quién se las cuente.
No como fortaleza, sino como anhelo.
“Avrei bisogno di” — necesitaría.
El condicional importa.
No dice que lo tiene.
Dice que lo necesita.

“No actúes por reacción a lo que digan bueno o malo de ti“.
George Gurdjieff
Y en eso está la grandeza de la canción.
En que no resuelve nada.
Hay una estrofa que muchos olvidan entre tanto jesuita y tanta contrabbandiere macedone. Battiato camina por las calles de Pekín en mayo, bromea con alguien recogiendo ortigas.
Y luego dice, con esa franqueza casi irritante que tienen los italianos para lo cotidiano:
‘No soporto los coros rusos, ni la música de rock falsa, ni la new wave italiana, ni el free jazz punk inglés. Ni siquiera la africana’.
Un catálogo de rechazos que suena caprichoso hasta que te das cuenta de que es exactamente lo contrario. Es la descripción de alguien que ha escuchado todo, que ha viajado por todas las estéticas del mundo, y que precisamente por eso ha perdido el mapa.
Demasiadas músicas.
Demasiadas ideas.
Demasiada gente con demasiadas razones.

La melodía del estribillo empieza, al principio, con solo dos notas. Un intervalo sostenido sobre el que cae el peso de toda la letra. Hay algo casi físico en eso: la sensación de estar suspendido entre dos puntos, sin gravedad, buscando dónde apoyarse.
Luego entran los saxofones, y algo en el pecho se asienta un momento. Como cuando encuentras en un cajón viejo una foto de alguien que ya no está y, en lugar de tristeza, lo que sientes es claridad. La nitidez extraña de saber que eso fue real.
“You are a woman in love, baby, come into my life.”
Battiato termina la canción en inglés, con una frase de amor directo y sin adornos. Después de toda la filosofía, de los jesuitas y la dinastía Ming y las calles de Pekín, lo que queda es eso: alguien que quiere que otra persona entre en su vida. Una vez más y otra vez. Over and over again.
No sé si eso es el centro de gravedad que buscaba. Quizás sí. Quizás el centro no es una idea ni una certeza intelectual sino algo mucho más sencillo y mucho más difícil: una persona. Un lugar. Una costumbre que se repite.
Una canción que vuelve a ocurrirte cuando menos te lo esperas.
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Last modified: abril 21, 2026






