Ruí Labond

Como sabes, este municipio alicantino de 75 mil habitantes ostenta el título de segunda ciudad del mundo con más rascacielos por habitante, solo detrás de Nueva York (ojo), lo que le ha valido el apodo de “Beniyork”.

La concordia urbanística, bajo mayoría de alcaldes del PP y cierta alternancia del PSOE, parece la versión hormigonera del juego del Twister.

Cada edifico es un susto visual y, aunque reina el balcón-nicho y las luminarias de cubierta, los principios de edificación manifiestan una libertad envidiable en la combinación de los colores primarios: cutre, kitsch y decadente.

En el centro de este contorsionismo arquitectónico se encuentra la joya de la corona: British Town. Un entramado de calles dedicado a la satisfacción del anglosajón que, durante los meses de calor (a saber qué se entiende por esto), viene diagnosticado con una fuerte carencia en luz solar, playas de arena y alcohol en promoción, todo lo cual se sirve sin decoro 24/7.

Si, por descuido, tienes la fortuna de haber reservado tu hotel en la zona, vivirás por primera vez la experiencia de alojarte en el corazón de un parque de atracciones customizado, con su música estridente de local en local, pero adornado con neón y leds baratos, cartón piedra, borrachos descamisados y stripers en la vía pública.

Si vas con tu hija de seis años (“¡Papá, no mires!) la experiencia es brutalmente sobrecogedora (¡Qué pares!).

Destacan las notas de Sangri-mocho, tikka massala y Brumelfake, aderezado con Sweet Caroline y Knockin’ on Heaven’s Door provenientes de los Churchill’s o Queen’s pubs.

Estos centros del anarco-alcoholismo se combinan a pie de calle con las clásicas tiendas de supermarket y bazares. En ellos se venden camisetas ilustrativas que te enseñan a distinguir entre “suck” y “lick”, o que “Old pussy is better than no pussy”.

En los mostradores de mercancía, con un metro de altura y junto a los pasillos de memorabilia y juguetes, puedes encontrar falos de madera del tamaño de espadas infantiles y mini genitales con purpurina para no perder las llaves.

Cuando te diriges al hotel, las calles están ennegrecidas por la mugre de más de 40 años de marcha y ahora la zona SER es “O NO SER”.

Los nativos habitantes de este entorno suelen mostrar por defecto uno de estos tres colores: blanco lechada, rojo diablo o bacon crujiente. En cualquiera de los tres casos, el objetivo principal es el melanoma, aunque viendo como fuman o beben la metástasis puede proceder de cualquier órgano del espacio-tiempo.

Entre ellos, diría que la especie dominante son los mini-scooters. A algunos de los habitantes de British Town les gusta menos caminar por la calle que a una familia real. Van con la cabeza bien alta, a 15 Km/h. en plena acera y con la mirada fija en un punto del horizonte. Creo que son peligrosos, pero también que si atropellan a un transeúnte alcoholizado este apuntaría “Thanks mate!” con una sonrisa. Como una familia real.

Sería injusto terminar sin un segmento de luz. La ruta al Faro del Albir me resultó preciosa, y si tienes suerte con el ocaso y las nubes observarás una tierra anaranjada peculiar, matizada por la abundancia del ocre. Hay incluso una vieja mina de este mineral, visible pero no visitable. La otra ruta es la que se dirige al mirador de la cruz, con la mejor vista de la ciudad y un poniente puramente mediterráneo (¡Gracias a las personas que nos las enseñaron!).

En British Town Beetch!, donde abundan los turistas tostándose a la cerveza bajo el sol, si la arena rezuma colillas, el agua no puede ser 0,0. Pero hay otras zonas de la playa que se disfrutan, donde las aguas son prácticamente transparentes y pueden observarse bancos de peces de diferentes colores y tamaños. Si te adentras un poco, y te comportas, podrás mecerte con estas especies al son de las olas (Doncella, Salema, Oblada y Mojarra). Tristemente, la sensación mayoritaria es como describe aquí Ecologistas en Acción.

“Las personas que habitan este entorno tienen por defecto uno de estos tres colores: blanco lechada, rojo diablo o bacon crujiente”.

Para el paladar, el Nepali Tandoori Restaurant y La Cartuja. Viendo la calidad, la gustosidad y el precio de estos restaurantes, en Madrid me tienen mal acostumbrado.

En fin, el acuario natural fue nuestra “jewel of the crown”, seguido muy muy de cerca del Drag Queens Fest (curiosamente ambos comparten colores y dejarse fluir). Mi hija resumió sus sensaciones del viaje como una femme fatal de los cuarenta: “Ha estado bien, pero no quiero repetir”.

Como regalo de souvenir, optó por un Labubu, a pesar de la atracción inicial por el pene brilli-brilli. Lástima, me parece un bombazo como llavero en la mochila de un cole concertado.

¿Película o libro?

Las fotos son de: maksim-ivanov-KiWun4rkzk0-unsplash, dean-milenkovic-bQPMQxnZVPw-unsplash, preillumination-seth-Z-v4TtbZtJU-unsplash, koppany-benkovics-YaSI1y5BP7Q-unsplash, danny-saltaren-Lk4M-VYRhOY-unsplash. Mil gracias!

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Last modified: febrero 13, 2026

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