Javier del Pozo
Benidorm…Benidorm…¡aah!, Benidorm, ciudad de las maravillas. Puede gustar y puede ser aborrecida, sin término medio. Su visión siempre impacta, sobre todo la primera vez.
Lo primero que se percibe en la lejanía es un amasijo de altos edificios, rascacielos les llamamos en España; entre ellos los hay muy altos, los más altos del país, pero una vez dentro del casco urbano no se percibe ningún agobio o sensación de opresión.
Lo que fue un pueblecito de pescadores, gracias a un alcalde visionario se ha convertido en una meca turística, ensoñación de jubilados, nacionales y extranjeros. Benidorm no llego a la situación actual de repente, ha ido cambiando con el tiempo.

Cuando yo lo conocí, la industria turística tenía como base el turismo nacional. El paseo marítimo estaba lleno de chiringuitos, bares y cafeterías en los que podías ver actuaciones de flamenco, de magia, de cómicos…y baile, baile a todas horas.
No te sentías extraño, era tu ambiente. En todos los hoteles había actuaciones a diario…y baile, siempre baile. Los turistas llegaban en manadas, no solo por el ambiente antes descrito, sino también por el clima, un clima privilegiado con temperaturas de sol y playa todo el año y noches maravillosas en verano.
Era el sitio perfecto para unas vacaciones.
El Imserso lo lleno de jubilados, y lo convirtió en un gran geriátrico, en el que las dolencias desaparecen y las ganas de vivir aparecen nuevamente, haciendo que la gente mayor se sienta protagonista del día a día y dejan de ser los marginados de la tercera edad; por eso he dicho al principio que Benidorm es la ciudad de las maravillas.

Pero no hay nada eterno y este paraíso va desapareciendo, poco a poco. El negocio es el negocio y los beneficios priman, y Benidorm está orientando su oferta turística hacia otro tipo de clientes, sobre todo británicos y así, casi sin darnos cuenta, los negocios del paseo marítimo han cambiado y ahora son bares y cafeterías, con grandes pantallas de TV, en las que ininterrumpidamente se pueden ver partidos de futbol o rugby y en los que las cañas de cerveza han pasado a ser pintas… y ya casi no se baila.
Ya casi no se baila… y las cañas de cerveza han pasado a ser pintas; con lo bueno y lo malo que tiene eso…
Seguiremos yendo a ‘ese Benidorm’. Y recordaremos el nuestro.

Benidorm. Bailar. Las dos cosas juntas.
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Mil gracias.
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Last modified: enero 16, 2026






